Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Ciudad Nezahualcóyotl, 27 de julio, 2019. —Y hubiera visto el cuetote que agarraron esos desgraciados: ¿pus qué se les metió el diablo al cuerpo? Llegaron de por sí borrachos y bien mariguanotes; ese Pata era el más alebrestado y quesque para que se fueran pronto don Juanito les sirvió unas cubas rete cargadas. Pues fue peor tantito, ¿qué se iban, los malvados? El tal Roperón se cayó, ¿y qué, lo pudimos levantar? Hasta que no le pusieron hielo en los sobacos sus amigotes, pudo medio recordar. Yo que Juanito, los hubiera echado a patadas, no que nada más nos agriaron el rato.

“Eso sí, lo que sea de cada quien: muy respetuosos con las muchachas: ¡hasta yo bailé con uno de ellos, el que le dicen Gori! Pero bueno, es que una se da a respetar. Como la ven a una la tratan, y no es por hablar mal de su hija, pero ella era la que no dejaba ni a sol ni a sombra a ese muchacho, Manuel. Allá usted si no le llama la atención a la chamaca. Yo diría que habláramos con ellos, que si quieren divertirse pues que se diviertan, que se echen ya no dos o tres tragos, ¡cinco, si se les hinchan los tanates!

“Pero ¿ya los vio? Un día de estos amanecen congelados o les da una congestión alcohólica. Desde en la madrugada que fui a la leche están ahí tiradotes, ni para cuándo recuerden. Yo creo que sí, ya en qué van a creer estos muchachos si cada vez la cosa anda de cabeza, el mundo está muy revuelto, pero creo que hay modos de matarse, no tan a lo bruto: de plano pierden la cabeza, beben hasta embrutecerse, no por gusto.

“A mí no me pasa el alcohol, pero creo que tampoco bebería por gusto. ¿Gusto a qué? ¿Fe en qué? ¿Esperanza en qué? No sé, no sé: si la cosa está mal, ellos tienen que hacer algo. Nosotros ya vivimos, hemos visto muchas cosas, pero ellos… Bueno, sí, todo es más rápido ahora, se han desengañado más pronto, pero… ¡Ay, no sé cómo decirle! Es que los veo ahí, nomás llegan los perros y los huelen y siento rete feo, porque mis chiquillos apenas empiezan y quién sabe cómo les vaya a ir en la vida.

“Ojalá y fueran rateros, pero de los buenos, a lo grande: como los ricos y los políticos, para que no pasaran lo que nosotras… Ya no sé ni lo que digo, pero es que una se desespera. Con estas fiestas, muchos de los patrones se van de vacaciones, ¿y de dónde voy a sacar para darles de tragar a los escuincles? Las planchadas y lavadas escasean este mes. Todo mundo anda gastado…

“Oígalos nomás cómo roncan, si hasta me dan envidia, no se crea: yo también quisiera olvidarme de los problemas y dormir como ellos, a pierna suelta. Pero qué arreglo. Ellos algo tendrán qué hacer para que la situación mejore, no van a estar esperando que se los lleve el tren… Oiga nomás, ni parece que rompan un plato, cabrones éstos. Qué bueno que se diviertan, que la gocen ahorita porque mañana quién sabe…”

Mamachido entreabrió los ojos, pero las legañas clausuraron otra vez sus párpados. Hizo por enderezarse y al no lograrlo prefirió buscar el calor de los otros cuerpos amontonados en la esquina.

—Ahí tiene, usted de compadecida y ellos nada más piensan en dormir. Y así piensan quedar bien con las muchachas. Vergüenza debería de darles, no sé cómo no pasa la patrulla y se los carga —parloteó doña Paula.

Gorigori abrió los ojos y farfulló:

—Órale, suegra, qué deseos son esos: mejor dejen dormir, ¿qué no saben que un crudo es sagrado?

Volvió a su posición fetal y a los ronquidos.