Marcos Salgado/Solidaridad con Venezuela

Venezuela, 11 de diciembre, 2019.-El referente opositor venezolano Juan Guaidó sigue en caída libre antes de  Navidad. Un fin de año 2019 que es también -en principio- el fin de su año como jefe opositor. Ya casi nadie lo llama presidente en ejercicio o interino y la cincuentena de países que lo reconocieron como tal hace rato que se olvidaron de ese traspié.

Una caída libre que comenzó con el etéreo golpe de Estado de abril, con tiro de gracia en diciembre: un escándalo de corrupción en la Asamblea Nacional que incluye a diputados del partido de Guaidó y aliados. 

Con este muy mal semestre de Guaidó, no sonaron extrañas las declaraciones del subsecretario de Estado para el hemisferio occidental, Michael Kozak, indicando que el apoyo de Estados Unidos era a “las instituciones democráticas no a Juan Guaidó como persona, sino como presidente electo de la Asamblea Nacional”. Mientras circulaban a la par otras declaraciones del secretario de Estado John Bolton, calificando de “error” haber apoyado a Guaidó.

Aunque un día después Bolton, pareció aclarar un poco los tantos al pedir en Twitter nuevo apoyo a Guaidó y calificarlo como quien “personifica la lucha del pueblo venezolano” y aseguró que la Casa Blanca está “totalmente detrás de él como el líder de esa lucha”, el río suena y trae piedras. La agencia Bloomberg aseguró que Donald Trump “está perdiendo la confianza”, en que Guaidó pueda contra Nicolás Maduro. 

Fueron y son cientos de millones de dólares invertidos en tratar de derrocar al gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro, que para compensarlo en parte, el gobierno estadounidense se apropió de la empresa Citgo, filial de la estatal venezolana Pdvsa.

Pero algo que no esperaban los estrategas estadounidenses era que, pese a su control de los medios masivos de comunicación y de las llamadas redes sociales, estallara el escándalo que actualmente  enfrenta la coalición opositora encabezada por Guaidó por sus conexiones con bandas criminales y narcotraficantes como Los Rastrojos y otros grupos uribistas.

Esto, sumado a la estafa y robo de los fondos destinados a supuesta “ayuda humanitaria” y política no solo de Washington sino de empresas trasnacionales y algunos países sudamericanos y europeos realizada por la banda de Guaidó, que determinó la salida del “embajador” del “presidente interino” en Colombia, Humberto Calderón Berti. 

Guaidó, el corrupto

A estos escándalos hay que sumarle las revelaciones de un portal opositor en torno a diputados de Voluntad Popular (el partido de Guaidó) y Primero Justicia (su principal aliado), quienes, dice la denuncia, se ofrecían como mediadores para “blanquear” la reputación de personas que estarían ligadas al gobierno de Nicolás Maduro. 

Aún en plena caída libre, supuestamente los partidos mayoritarios de la oposición, o al menos los de mayor representación parlamentaria, le renovarán el aval a Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional el 5 de enero próximo, y así podría revivir su menos que virtual y muy deslucida autoproclamada presidencia virtual. Pero para enero, aunque no parezca, falta mucho y Guaidó no para de acumular derrotas. 

El director nacional de Voluntad Popular, Yon Goicoechea, dijo que la destitución de Guaidó como presidente de la Asamblea pondría en peligro “la coalición internacional” que sigue intentado derrocar a Maduro: “Es verdad que hay maniobras bajo la mesa en un desdichado intento por reemplazar a Guaidó”.

“Hay un acuerdo para reelegir a Guaidó en enero. No podemos descartar la posibilidad de que opositores se vendan o sean sobornados para que ayuden al régimen a recuperar el control de la Asamblea, pero eso sería el final, prueba de que el país está podrido”, comentó Goicoechea. ¿Abriendo el paraguas antes de la tormenta?

Sin calle, sin gente

Lo cierto es que más allá de los devaneos de Washington, lo que marca el declive imparable de Guaidó es la pavorosa desbandada de la oposición. 

Guaidó había convocado a movilizaciones para el 16 de noviembre, que fueron un auténtico fracaso. Aunque juntó más que en citas previas, no convocó lo suficiente para mostrar músculo, mientras el gobierno realizaba una movilización hacia el centro de Caracas desde distintas zonas de la ciudad, en la que volvió a mostrar que la oposición no le disputa la calle. 

Guaidó entonces convocó a protestas “en cada calle o avenida” de Venezuela y aunque muchos medios de comunicación adscriptos a su presidencia virtual buscaron y buscaron, no encontraron nada de nada. Y tampoco, claro, encontraron a Guaidó. Una ausencia de calle que se comenzó a vislumbrar en el intento de golpe de Estado del 30 de abril, y que se confirmó mes a mes en el segundo semestre de 2019. 

Se viene la Navidad

Lo que sí parece es que el gobierno de Nicolás Maduro se prepara para encarar de mejor manera el año 2020. Empieza a recortarse con más fuerza en el horizonte las elecciones parlamentarias (y no las presidenciales, como reclama el guaidosismo), mientras siguen negociaciones y conversaciones en distintos ámbitos.

Con el gobierno de Noruega para tratar de sentar a los pro-Guaidó en el diálogo congelado de Barbados, con el sector moderado de la oposición con el que se negocia incluso un cambio en el mecanismo de representación en la Asamblea Nacional y con otros actores, de forma más discreta, como el mismísimo Grupo de Boston, un puente entre diputados y referentes intermedios del gobierno venezolano y legisladores del partido Demócrata de EU.

El grupo tiene su historia: se creó tras el golpe de estado contra el comandante Hugo Chávez en 2002. Lejos de los vaivenes de la estrategia del gobierno de Donald Trump y las amenazas del Comando Sur, este grupo auspicia conversaciones en áreas como política monetaria, fiscal y petrolera. Y todo bastante lejos del golpe de estado que sueñan algunos en la Casa Blanca y en los cuarteles (parece que sin militares) del deslucido Guaidó.

Además, versiones de prensa española señalan que entre abril y octubre pasados tuvieron lugar en al menos cuatro países reuniones entre representantes del bolivarianismo y de la oposición en busca de una solución a la crisis, que pasaría por el alejamiento de Maduro y de Guaidó y la elección de una “Junta Constitucional de Transición” que actuaría por 18 meses.  

¿Qué se viene entonces en Venezuela? Lo que viene es la Navidad, con las gaitas zulianas, con los villancicos, las hallacas, la ensalada de gallina y el pan de jamón (en crisis). 

Marcos Salgado

Periodista, fotorreportero. Integrante del equipo fundador de Telesur. Editor de questondigital.com. Corresponsal en Venezuela de Hispantv, analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico.