Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 6 de octubre, 2019.- Hace unos días hubo un notable revuelo sobre el hacer y el decir de la joven activista ambientalista Greta Thunberg, de 16 años. Se le cuestiono por no ser más que “una niña rica”, acusándola de “marioneta” de intereses políticos y económicos particulares, pero también se le comparó con otros líderes “indígenas” que no tienen los reflectores para denunciar las catástrofes generadas por el despojo capitalista que viven día a día en sus comunidades o que cuando denuncian son perseguidos y hasta asesinados.

Más allá de a quien otorgarle o a quien limitarle la legitimidad para poder hablar, a mi entender esto se puede comprender en términos de la asimetría de voces en el contexto global. Así este caso particular puede ilustrar la relación asimétrica de voces.

Pues no sólo los subalternos padecen las limitantes del lenguaje para expresar su voz sino sobre todo la mujer originaria está doblemente silenciada, por las instituciones del Estado, pero también por su propia comunidad y hasta por las agencias de cooperación a nivel global.

Esta imposibilidad no implica que las comunidades originarias no sean actores políticos o que su voz no sea una expresión de un planteamiento autonómico, sino que esta voz es fagocitada por las instancias en las que se aloja o por las cuales se hace circular.

Por eso la voz del subalterno y sobre todo de la subalterna expresa una dimensión que se diversifica en dos dimensiones. En la primera, la voz se clasifica como una cita en la voz legítima pero que la desborda porque nunca es  del todo domesticada y, corre el riesgo de ser simplemente silenciada. En la segunda, esta voz queda embarcada el logos occidental que la devora y la encausa en los signos que son reconocidos y valorados.

“Como habrán notado, los ‘haters’ están más activos que nunca: me persiguen, critican mi aspecto, mi ropa, mi comportamiento y mis diferencias. Se les ocurren todas las mentiras imaginables y teorías de la conspiración”, escribió un tuit Greta Thunberg.

El reverso lo tenemos con el nombramiento de Yalitza Aparicio como embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO. “Soy una mujer indígena orgullosa, que busca el rescate de las lenguas indígenas (…) y que busca una igualdad de oportunidades en todo”, dijo Aparicio en la sede de la UNESCO en París, al recibir este título. Por lo que la voz de Yalitza es reconocida no por lo que platea o lo que demanda en términos de agencia sino por la estructura global de esta institución de cooperación internacional en materia de educación, ciencia y cultura.