Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 25 de septiembre, 2019.- Ell  presidente Andrés Manuel López Obrador se  ha referido reiteradamente a sus antecesores del “período neoliberal”, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994); Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000); Vicente Fox Quesada (2000-20006); Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) y Enrique Peña Nieto (2012-2018).

“Cuando se haga la consulta, que el ciudadano diga: sí queremos enjuiciar a Salinas. ¿Por qué? Porque entregó empresas públicas a particulares y a sus allegados. Queremos enjuiciar a Zedillo, porque convirtió las deudas privadas de unos cuantos, en deuda pública, con el Fobaproa (Fondo Bancario de Protección al Ahorro)”, expresó el presidente.

Los jóvenes  mexicanos no deben olvidar que fue  Zedillo, al lado del actual presidente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), José Ángel Gurría Ordóñez, quien es el  responsable principal de la enorme deuda pública del Fobaproa.

La privatización bancaria realizada en el período de Carlos Salinas de Gortari es un ejemplo de la corrupción en el periodo neoliberal. La privatización de la banca representó el 83 por ciento de todas las privatizaciones que se hicieron hasta 1991.  En esa venta intervinieron la Presidencia de la República y la Secretaría de Hacienda, sin una supervisión real del Poder Legislativo.

Los informes que llegaron a la Cámara de Diputados en 1995 fueron incompletos e incoherentes y no se entregaron a los legisladores los estudios sobre la venta de cada banco, ni los avalúos contables. En todo el proceso hubo enriquecimiento ilícito. Los beneficiarios de la privatización fueron muchos de los dueños de las casas de bolsa que -con la complicidad del poder político, en el gobierno de Miguel de la Madrid- habían primero atraído y posteriormente estafado a pequeños ahorradores. 

 Durante el salinismo fue más evidente que nunca el acceso privilegiado de algunos a los fondos públicos para apropiárselos privadamente. Por estos caminos se llegó al escándalo del llamado Fobaproa, calificado como el mayor  fraude en la historia de México en el siglo XX. 

El llamado “error de diciembre de 1994” implicó que a principios de su gestión, Zedillo tuviera que hacer una devaluación pospuesta, mal llevada, y que puso a México en posición de insolvencia ante inminentes pagos en dólares. Para superar la crisis, la administración de William Clinton organizó un rescate de 50 mil millones de dólares a cambio de medidas drásticas y de garantías petroleras.

El gobierno de Zedillo salió al rescate de la élite empresarial. Desde el poder se emitieron señales que propiciaron que los banqueros pasaran al fondo de rescate bancario muchos de esos préstamos irregulares. Banqueros ricos, bancos a punto de quiebra, y también banqueros que habían financiado la campaña priista en 1994,-lo que había incidido en la descapitalización de sus bancos, pasaron al instrumento de rescate lo que le habían donado al PRI. En el momento de la crisis que vivió el sexenio de Zedillo, el Fobaproa sirvió tanto para salvar el sistema bancario como para tapar una cadena de delitos. 

El gobierno expidió pagarés, y a cambio retuvo acciones de bancos. Sin mover un dedo los banqueros empezaron a recibir el flujo de pagos de intereses que generaban esos pagarés.  Zedillo ha insistido en que si no hubiera hecho esto, el país se habría arruinado.

Pero se ha ido descubriendo que muchos de los pasivos asumidos por el Fondo tienen su origen en pérdidas de los bancos provocadas por actividades especulativas y que también oculta el financiamiento de la campaña del PRI de la elección presidencial de 1994.