Fernando Martínez Elorriaga/Noticias y debate M3

CDMX, 26 de marzo, 2019.- Sin duda, el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador pone de nueva cuenta el tema en la agenda de medios, pues la exigencia que realizó al gobierno español, para que éste se disculpara por el genocidio cometido durante la conquista, tuvo una reacción inmediata una vez que se conoció el documento.

El gobierno español contestó a la misiva que recibió el Rey de España, Felipe VI, y en un comunicado oficial afirmó que “lamenta profundamente” su publicación y “rechaza con firmeza” el contenido de la misma.

El presidente de México considera que la presentación pública de disculpas representa la única forma posible de lograr una reconciliación plena, sin embargo, el discurso poco abona a un año del quinto centenario que marcó la caída de Tenochtitlan por el conquistador Hernán Cortés.

López Obrador solicita que se haga un relato de agravios y que se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos. No obstante, se puede advertir que el mensaje está muy lejos de conseguir una reconciliación, pues ésta no debe venir necesariamente de afuera, pues por el contrario abre las heridas principalmente de los pueblos originarios que han recibido una doble sujeción, primero, la de los españoles y segundo, la de los mestizos, que hoy los colocan en una condición de miseria y marginación ante cualquier posibilidad de desarrollo.

La distancia es grande cuando pensamos en dos Méxicos, uno marcado por la prosperidad y aparente desarrollo industrial y otro, por un rezago profundo asentado en el sur del país.

No cabe duda que la mejor reconciliación vendrá desde dentro, es decir, cuando seamos capaces de mantener un desarrollo sin discriminación, sin despojo, con reconocimiento del otro, de sus lenguas y de su cultura en general; donde todos los mexicanos reciban lo que les corresponde del patrimonio nacional y tengan un acceso equitativo de sus riquezas naturales; que participen en un proyecto educativo y cultural incluyente, que les pueda garantizar una vida digna, entonces, quizá, sí podremos comenzar a hablar de la reconciliación…