Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Hipnotismo 

1. 

Nezahualcóyotl, 13 de marzo, 2020.- Me miras y me alelo, desconcierto, flaqueo. Mirar es placer, azoro, Inquisición, viaje donde nos sabremos otros gracias a ellos, que no sabían de ti. Un día nos miramos. Enseguida lo supimos y para qué negarlo: nos lo dimos. El tuyo, caliginoso, en vivas aguas apenas fluyentes. El mío inmerso ya en lo inmenso que eres, arropadora, tierna y dulce y juguetona sorbiendo mi aliento y el tuyo insuflado en cada beso. En cada mirada que me vuelve líquido, brisa, gasa para halarte la carne si la humedad se vuelve miel espesa que miel quiere y hace todo para tenerla y hacerla una con la suya, que atrapas al tacto y me das a saborear, salobre, aromática, invasora para volverme derretimiento y gusto, goce, Muuuchooo goge y gusto, hermosa que eres… 

 2. 

Estas son mis manos, y te modelan como siempre quisiste antes que el deber te hiciera presa. La luna ondula entre nubes atrapada. Estos son mis ojos y con los tuyos se hacen enredadera, trepan para abarcar horizontes donde todo puede ser de otra manera. ¿Escuchas lo que te digo? Que nunca nos detengamos, que con el aliento nos sostengamos, firmes, como plumas al viento. Que la maravilla que somos audible sea en cualquier rincón donde los misterios se develen, porque navegar ya es hora, el tiempo es propicio y las líneas auguran trazos trenzados donde erigir obeliscos desde donde veamos por todos los que nos miran, enredadera, multiplica raída entretejida 

3. 

Por las noches el silencio ensordece; todos duermen, las cobijas pesan, aplastan. Tic tac, Tic tac, Tic tac. Una moneda rueda sobre la superficie del ropero, rueda y da vueltas en círculos hasta que la inercia se impone y cae como aleteando, dando aletazos. Desde la carátula del reloj los números romanos resplandecen. Tic tac, Tic tac, Tic tac. Sudor, pánico, terror. Con las ramas secas del fresno el viento araña la ventana. El marco de la puerta de metal sufre: el clima lo contrae, el viento inflama la superficie galvanizada, la abomba, deja de soplar y al retractilarse lo hace con estruendo. El mismo que ahoga el alarido. Lugo, un zumbido se establece en el llano. 

 Magnetismo 

2. 

Uno y ya. Todo adentro o nada afuera. De la mitad pa’ atrás o de la cabecita hasta los wevos. La puntita nomas y ya no te va a doler. Ella a que no, tranquilo, deja de pensar en eso. El: todo adentro o nada afuera. Toca sus desasidos hombros. Besa su cuello. La piel de gallina la traiciona. Escucha su respiración agitada, sonríe al oír el susurro: nada afuera. Lleva su mano hasta el plano vientre, se desliza hasta el delta de Venus, aprieta. Afloja, aprieta al monte de Venus. Mete su lengua en la boca entreabierta, repta sobre la humedad hasta que está lo aprisiona, succiona, sorbe, aprieta los arillos sobre la lengua juguetona, hace un esfuerzo, exclama langUida y sensual: nada afuera. Siente que la falda se levanta, una mano lucha con su pantaleta,  se introduce, topa con su rizado vello, tiembla, acaricia, busca el calor más calor y se adentra, los dedos la bendicen, se sumergen y salen y saben enfielados, insistes: hasta los wevos. Sale de entre la cremallera, olisquea, vibra, siente la piel, el vello, el calor le orienta. Una gota lo toca y como imán que lo lleva mar adentro, flota en las aguas y es delfín, tónica, cetáceo que retoza iluminado por esas aguas traslúcidas, tibias, que se agitan sobre todo hasta que se vuelve líquIdo, chorro que se impacta en las profundidades como amusgadas, como nube alba sobre la que se tiende mientras el recuerdo lo acaricia: nada afuera, todo adentro…de tanto decirlo sigue diciéndolo y ella lo agradece apretando sus piernas, como queriendo galopar pero apenas en un meneo lo saca y lo engulle de nuevo, y el: feliz. Exprimid. Y ella: mojada, escurre. 

3. 

Suspende el beso. Le toma el rostro y la mira a los ojos. Ella a él también. Siente que aparta sus ropas, la desnudez es luz, y ella la duplica, siente las manos sobre sus pechos, rozan sus dedos la punta de los pezones, la punta de su vida rozando la hendidura de la suya. Un mar nace, tibio la inunda, humecta lo que de él es cercano a su piel. Un mismo fulgor son, y danzan y se mecen como en arrullo. Aromatizan ambos el algo que flota y los envuelve en un nuevo beso y las manos de ambos se aferran, retiran, extienden, descubren, hurgan, electrizan, dicen, huelen, sienten, miran, son los sentidos todos en todo ellos, se tienden, anidan y desnudan y desanudan los goces y placeres, vibran, tiemblan, explotan lo más profundo del otro ser que son y son laguna y sus lenguas sienten el burbujeó, el dulzor que se brindan con suavidad o desmelenándose sin más intención que darse uno al otro; ella muerde su cuello y pechos, el succionando los pelones al tiempo que embiste para que ella, carnes abiertas al todo, lo reciba y conduzca por donde ella sabe, que bien lo sabe y bien es gentil o perdida en sí misma gracias a lo que él le brinda y recibe, lo que incluso baja y bebe bebe y bebe del manantial que es ella, prodiga, dispuesta a las posesiones y para eso busca fundirse en él, sus piernas lo envuelven, le impiden retirarse, y eso lo derrite dentro dentro dentro dentro dentro entre suspiros y sollozos y risas y lágrimas que no pueden decir ya yo porque ya son nosotros, uno. En ese beso que los reconstruye para agradecerse el uno para el otro que son, ya y por hoy, este ahora que sabe a Eternidad.