Álvaro Verzi Rangel/Solidaridad con Venezuela


Caracas, 19 de febrero,  2019.- Sanciones financieras, bloqueo económico y terror callejero para crear un colapso, imposición del imaginario de la existencia de un poder dual y la amenaza de una invasión estadounidense que tiene fecha para el 23 de febrero, escondida en el caballo de Troya de la supuesta “ayuda humanitaria”: todo para terminar, de forma ejemplarizante, con “el virus” de la Revolución Bolivariana.

En  esta estrategia del miedo, los medios de comunicación trasnacionales, cartelizados, y las repeticiones por redes sociales, tratan de condicionar la situación. No existe una ciencia más precisa que la amenaza y nada más sólido que el miedo…

El vicepresidente estadounidense Mike Pence sigue con la campaña terrorista del presidente Donald Trump, su canciller Mike Pompeo, sus asesores de seguridad John Bolton y Elliot Abrams y, los jefes del Comando Sur, y afirmó que “ahora no es momento de dialogar, sino de entrar en acción” contra el gobierno de Nicolás Maduro, elegido en unos comicios democráticos en mayo de 2018.

La estrategia elaborada por Washington para deponer el gobierno bolivariano, tras 20 años de intentos frustrados que incluye tentativas de magnicidio, contempla varios ejes de presión: sanciones económicas y financieras impuestas por EEUU y la Unión Europea para crear un colapso, la creación de la imagen de un poder dual, que genera incertidumbres jurídicas que impactan directamente entre los militares, y la amenaza latente de una invasión.

  Esta presión coloca a los militares en la disyuntiva de decidir enfrentar o no una expedición extranjera, en la apuesta a que ante ese dilema los oficiales escojan la opción de un golpe palaciego o que se produzca una fractura. Este eje ha perdido peso como medio de presión, en razón del rechazo que tiene una intervención en EEUU y en Europa, lo que disminuye las probabilidades de que ocurra, señala el analista Leopoldo Puchi.

El mecanismo para acelerar el colapso que resultaría de “un período de sufrimiento mayor”, son las sanciones y medidas de bloqueo de cuentas, que cumplen la función de impedir que Venezuela disponga de divisas para la importación de insumos, alimentos y medicinas, multiplicando exponencialmente los problemas que ya existen como resultado de políticas macroeconómicas erradas y de la ineficiencia de la gestión. Lo que se busca es un “un período de sufrimiento mayor por un período de meses o quizás años”, un estallido social, el caos.

 “La ayuda humanitaria va a entrar sí o sí a Venezuela”, advirtió Juan Guaidó, titular de la Asamblea Nacional (AN, declarada en desacato), ante decenas de miles de seguidores congregados en la zona este (clase media alta y alta) de Caracas, al anunciar que la “ayuda humanitaria” otorgada por EEUU ingresará al país el 23 de febrero, un mes después
de que se proclamó “presidente encargado”.

El canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, llamó a Guaidó a dialogar en el Mecanismo de Montevideo. Durante un encuentro con los 120 miembros del Movimiento de Países No Alineados en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, expresó que su gobierno quiere “profundizar la cooperación con agencias de la ONU en ámbitos en los que la economía venezolana ha sido muy impactada”.

Guaidó pidió a unos 250 mil voluntarios organizarse este fin de semana en asambleas, cabildos y campamentos humanitarios itinerantes para crear un plan que habilite el acceso a la ayuda. “Atentos, porque tendremos que ir en caravanas, en protesta, en organización, en
movilización”, dijo Guidó, a la vez que llamó a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a sumarse a su movimiento y permitir el ingreso de la “ayuda” al país.

Alimentos y medicinas enviados por la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos a petición de Guaidó, reconocido por unos 40 países (de los 193 de Naciones Unidas) como “presidente encargado”, están almacenados desde hace cinco días en un centro de acopio instalado de la ciudad colombiana de Cúcuta, que conecta con Táchira,
en Venezuela .

Otro “centro de acopio” se instaló en Roraima, Brasil, también en el frontera con Venezuela, pero ha recibido fuertes críticas porque el gobierno del presidente neofascista Jair Bolsonaro no solicitó al Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados la autorización para instalarlo.

No solo el gobierno de Nicolás Maduro, sino personalidades y mandatarios de otros países, señalaron que la entrega de esa “asistencia” sería el pretexto para una intervención militar estadounidense.

Mientras, en otra manifestación multitudinaria en el centro de Caracas, en el Día de la Juventud Invencible, el presidente Maduro encabezó la protesta en rechazo a una “intervención imperialista” en la que se recordaron a los muertos que dejaron las protestas del mes pasado y las más de 200 víctimas del terror callejero de 2014 y 2017.. “Yo quiero la paz para Venezuela, todos queremos la paz, que los tambores de guerra se alejen, que las amenazas de invasión militar se alejen”, dijo el mandatario.

En entrevista para la cadena británica BBC, Maduro dijo que “en Venezuela no hay hambruna” y enunció varios puntos de la campaña de Washington en contra del país, que van “desde un bloqueo económico, la difusión de noticias falsas y la amenaza de acciones militares, hasta la preparación de un golpe de Estado”.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez, dijo durante una reunión con los gobernadores en Caracas que la ayuda enviada por EEUU “viene contaminada y envenenada, es cancerígena, se podría decir que son armas biológicas”. Relacionó las acciones estadunidenses con la intervención a Nicaragua en 1986, donde camuflaron armamento militar en camiones de asistencia alimentaria.