Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 16 de junio, 2019.- Una vez más se hace evidente el tema de plagio de un(a) diseñador(a) extranjero/a  de los diseños de los textiles de culturas originarias. En este caso  la diseñadora, de origen venezolano, Carolina Herrera tras dar a conocer su nueva colección titulada “Resort 2020”, se le ha acusado de haber plagiado  “bordados indígenas”. A la cual se le ha sumado también la denuncia de apropiación cultural.

El director creativo de la firma, Wes Gordon, por medio de un comunicado señaló que no se trata de plagio ni de apropiación, sino de un “homenaje a la riqueza de la cultura mexicana”. De esta manera rechazó las acusaciones, aunque reconoció que la presencia de México en la colección “es indiscutible”, como tributo, como un homenaje. “Muestra de mi amor por este país y por el trabajo tan increíble que he visto hacer allí”, escribió Gordon.

Sin duda una marca de la identidad las naciones originarias se estampa en los bordados. Hay quienes defienden que en el diseño de los textiles se sintetizan las cosmogonías milenarias de las culturas, por tanto, forman parte indudable del patrimonio cultural (material e inmaterial) de estas naciones originarias. Sin embargo, este reconocimiento no se adentra del todo. Pensemos algunas aristas al respecto en lo que sigue de esta opinión.

Para Foucault la disciplina está aparejada a la norma, pero también a la tradición.  Por lo que la tradición no sólo se puede pensar como una entidad de salvamento de la identidad sino también como un mecanismo para fortalecer la disciplina y la norma.

Existen investigaciones de carácter histórico que explican que cierta vestimenta tradicional, que más tarde se empezó a reconocer como “típica” fue un recurso por parte de la administración colonial. Por lo que no es absurda la idea de que la vestimenta utilizada, antes de la llegada de los europeos colonizadores, por los diferentes pueblos originarios fuera rústica, producida por  la corteza de árboles o por las hojas como la del de maguey sin el uso de tintes. En cambio sí hay registros de pintura en los cuerpos con diversos diseños, los cuales varían según el rango que ocupaba  la persona en la jerarquía social.

De allí que se ponga como hipótesis que quizás el uso de la vestimenta “tradicional” fuera una forma que se usó para diferenciar a los distintos pueblos para mejorar su administración colonial. Así durante la época colonial gobernantes “indígenas” se les permitió vestirse con ropa similar a la utilizada por los españoles, pero al resto de los pueblos se les distingue —por estrategia—, según colores y diseños visibles.

Asimismo, lo tradicional se puede pensar como una condena la repetición. Dejando cancelada la puerta la recreación y a la creatividad usando el poder de normalización para construir la homogeneidad.

Sin embargo, es obvio que esto no imple la defensa porque ahora ya se reconoce como lo propio. Sin embargo, en este caso de plagio los resortes de origen colonial son los más sensibles, pues es el poder quien ha salido a la defensa de los ‘pobres indios’.

“El coordinador de Morena en el Senado de la República, Ricardo Monreal, así como la presidenta de la comisión de Cultura del Senado, Susana Harp, anunciaron que preparan una demanda en contra de la marca Carolina Herrera, y además, exigirán la reparación del daño e indemnización para las comunidades que podrían resultar afectadas, esto tras darse a conocer la nueva colección de ropa que utiliza diseños de comunidades mexicanas” (Milenio, 12/06/2019).

Sin embargo, hasta ahora ha quedado atorada la Ley Salvaguarda de los Conocimientos, Cultura e Identidad de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanos. Que fue presentada precisamente por la senadora de Morena, Susana Harp (Proceso, 13/06/2019). Lo anterior muestra la doble moral, pues por un lado, se demanda por daños a los extranjeros y, por el otro, poco o nada se hace para darle herramientas para que las comunidades originarias puedan hacer sus propias defensas.

Sin embargo, lo que también este caso de plagio muestra son lo andamiajes coloniales, pues se hace una defensa de lo accesorio frente a lo vital. Pues esta rasgadura de vestiduras por los bordados intenta invisibilizar el despojo que por más de 500 años opera en nuestros territorios.

Pues se reconoce la importante de la vestimenta con la identidad de las culturas, pero al final es un accesorio.  Sólo el poder político y comercial lo hacen esencial.  Al hacer visible este tipo de defensas, al mismo tiempo se dejan de lado, las atrocidades que se comenten a diario a las naciones originarias en todas las geografías posibles. Ya sea por la introducción de megaproyectos de muerte, ya por el asesinato impune de los líderes comunitarios (mujeres y hombres), ya sea por mantener la lógica de expulsión de los territorios a través de la migración, efecto de la pobreza y la marginación.

La defensa a ultranza de los textiles es eso, es una defensa por lo que nos cubre, pero también por lo que es superficial. Pues la vida, el territorio, la lengua es lo vital. ¿Y hasta ahora quién sale a  la defensa de esto? Obviamente que el poder no lo hace y no lo hará.