Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 3 de agosto, 2019.- No lo supo de cierto Jaime Sabines, pero supuso que una mujer y un hombre/  algún día se quieren,/ se van quedando solos poco a poco,/ algo en su corazón les dice que están solos,/ solos sobre la tierra se penetran,/ se van matando el uno al otro.

Suposiciones como la de Sabines se convierten en imágenes, palabras, acciones que se documentan en todos los medios y encienden/incendian el imaginario colectivo, y cansan a Onán, Afrodita, Lesbos, en las primeros escarceos; a diario aparecen y ocultan más de lo que muestran, y entonces, con ustedes: amor, Eros, sexualidad, ternura, lealtad, compromiso, cornudo, tortillera, cachagranizo, plenitud, languidez, orgasmo, estrujo, ensarto, reviro, chupo, apachurro, mojo; deseo, placer, Tanatos, libido, me tiro al suelo y recojo, babeo, mamo, mato al oso a puñaladas, porque nos queremos y amamos y nos damos por donde nos miamos y, como elefantitos, caminamos agarrando la cola con la trompa y, con respeto al derecho ajeno: coso, destapo, lavo, plancho, no despeinamos… y cuidamos chiquitos a domicilio.

Octavio Paz, en La llama doble, escribe de “experiencias de la conjunción del sujeto y del objeto, del yo soy y el tú eres, del ahora y el siempre, el allá y el aquí. No son reducibles a conceptos y solo podemos aludir a ellas con paradojas y con las imágenes de la poesía”, y afirma Paz que “una de estas experiencias es la del amor, en la que la sensación se une al sentimiento y ambas al espíritu”.

Enajenados, se niega a decir el poeta. A cambio, para él, vivimos “la experiencia de la total extrañeza: estamos fuera de nosotros, lanzados hacia la persona amada; y es la experiencia del regreso al origen, a ese lugar que no está en el espacio y que es nuestra patria original. La persona amada es, a un tiempo, tierra incógnita y casa natal, la desconocida y la reconocida.”

Cuando vivimos “la experiencia de la total extrañeza”, la curiosidad lleva a la búsqueda. Los padres, a quienes planteamos primeras dudas, se cimbran. ¿Que es estar enamorados?  Si acaso refieren cómo se conocieron, caminaron por el parque de manita sudada, hubo besitos a hurtadillas, pero ninguna referencia a sus sensaciones, fluidos, desmayos placenteros… ¿Que es el amor? Se referirán al enamoramiento, sin alusión al oscuro objeto del deseo. Quizá frotaron su libido en lo oscurito, pero ¿comentarlo con los hijos? Allá ellos, a ver cómo averiguan. ¿De dónde vienen los niños? La puerca verdad que tuerce el rabo, se esconde “hasta que tengas la edad”. ¿Sabes lo que es coger, mami? El colmo, en vano la escuela, el catecismo. ¡Lavas esa bocota con estropajo y jabón!

Los padres, sencillos seres que nunca esperaron preguntas rudas, hacen que que no oyen. En el caso de Puberto, su madre – indígena otomí qué devino en Auxiliar de Enfermería hechiza–  superó con facilidad la respuesta a ¿de dónde vienen los niños?  De abajo del colchón sacó un libro que conservaba envuelto en un pañal de franela. Manual de sexualidad, se titulaba. Localizó el diagrama donde aparecía el feto dentro del útero: “De aquí vienen, de la panza de mamá”. ¿Y como se metió ahí? Metió reversa, usó la sobada imagen de la abejita que de flor en flor va y poliniza y la fecundación, como dando respuesta a la pregunta de Foucault: .”¿Cómo, por qué y en qué forma se constituyó la actividad sexual como dominio moral?”