José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 29 de julio, 2019.-El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, define claramente su personalidad por todo lo que dice en torno a los migrantes. Seguramente tiene derecho a defender el territorio que gobierna, pero el odio, la discriminación, el racismo y el deseo de destruir personas que intentan o cruzan la frontera, es otra cosa.

El mandatario estadunidense ha emprendido una campaña permanente en su país, a tal grado que el odio a los mexicanos y centroamericanos se ha extendido entre sus seguidores y algunos medios de comunicación afines. La decisión de construir un muro y la presión al gobierno para que frene la migración centroamericana son parte dela estrategia para poder lograr la reelección, pero el odio la trae en la sangre.

Hace un mes, el presidente norteamericano declaró que odiaba ver la fotografía de los cuerpos de un migrante salvadoreño y su pequeña hija de dos años, que se ahogaron cuando intentaban cruzar el Río Bravo en la frontera entre México y Estados Unidos. Acusó a la oposición demócrata de ser responsable de la muerte de migrantes indocumentados debido a su negativa a respaldar su política migratoria.

La fotografía atrajo la atención del Congreso norteamericano en momentos en que los legisladores discutían la iniciativa para destinar 4 mil 500 millones en ayuda humanitaria para migrantes desde sus lugares de origen.

Es cierto que en los países más poderosos de la tierra, sobre todo Europa y Estados Unidos, el problema migratorio se ha acentuado más porque miles y miles de personas huyen de la miseria y de la violencia, pero el dio de Trump se cuece aparte.