“…En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”.

Lorenzo Benítez/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 26 de enero, 2019.- “Bastaría decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe qué  es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana”. (El túnel, de Ernesto Sábato).

Se trata de una historia interesante en la que el pintor, por celos, asesina a la mujer que tanto amaba y que además, dice el protagonista  era la única persona que entendía su pintura.

Sábato murió en abril de 2011 a los 99 años de edad.  Nació en la provincia  de Rioja de Buenos Aires, Argentina.  Escribió también las novelas Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974). El túnel  ha sido traducido a más de10 lenguas y la obra  en su momento fue elogiada por escritores como Albert Camus y Graham Green.

Murió en su casa sencilla en Santos Lugares, en un sector popular de la provincia de Buenos Aires, al oeste de la capital argentina, donde vivió los últimos 60 años de su vida. En 1938, Sábato obtuvo el doctorado en física en la Universidad Nacional de La Plata, y fue becado para ir a Francia, donde trabajó en el Laboratorio Curie, en París.

Antes del fin (1999) y La resistencia (2000)  fueron los últimos libros que escribió Sábato. El crítico literario Antonio Valle escribió: “Sábato ha conocido el siglo XX como pocos, plantea que si la humanidad ha de sobrevivir será mediante la restauración de valores espirituales. Expresa que al aislamiento, generador de una “indiferencia metafísica”, es preciso oponerle resistencia. Si nuestro planeta –y con él la especie humana– no ha de terminar en un basurero del cosmos, será necesario frenar su vértigo. A tan inhumana aceleración habría que oponerle cierto tipo de lentitud, “como se suceden las estaciones, el crecimiento de las plantas y de los niños”. Al consumo enloquecido de ciencia y de tecnología que genera una “indolencia abstracta, cínica y violenta”.