Alexander Katzowicz

Cuando reina la ignorancia, manda la maldad

CDMX, 21 de enero, 2020.- Emulando a los nazis, el gobierno australiano implementó la “solución pacífica” para los inmigrantes ilegales en su país: enviarlos a campos de concentración en lejanas islas.

Otra brillante solución final que encontraron para la superpoblación de camellos salvajes, es matarlos desde helicópteros con francotiradores (con la endeble excusa de “proteger a los aborígenes”, una excusa patética si se estudia todo lo que han hecho los gobiernos para aniquilarlos).

Más de mil millones de animales han muerto en Australia. El primer ministro se cree tan poderoso que “lamenta” haberse ido de vacaciones a Hawaii cuando sucedieron los incendios. Debía tener muy mala señal en el teléfono que no pudo mandar órdenes rápidamente al ejército para que se hiciera cargo del incendio.

Cual Superman, su presencia física lo hubiera cambiado todo. O podía haber hecho algo la jefa de Estado, Isabel II, la también reina de Australia (aunque parezca raro, Australia es una monarquía), pero no, también estaba muy ocupada con Megxit.

La gente aún cree que las vacaciones del primer ministro fueron una casualidad; como la casualidad del Amazonas, adonde el homúnculo de Bolsonaro rechazó las ayudas que le ofrecieron desde Europa, alegando el gastado y podrido discurso de la soberanía. O la casualidad de 2 millones de hectáreas quemadas en Bolivia, en Siberia 4,5 millones…

Se adjudica fácilmente la cosa al cambio climático, como si el hombre no tuviera la tecnología para prever estos incendios (los ejércitos siempre actúan tarde). Cuando Bolsonaro rechaza 20 millones de euros para paliar la destrucción del Amazonas no está haciendo gala de nacionalista, sino que quería que ardan. Los chinos comen vacas. Y las vacas ocupan mucho espacio.

De 1990 a 2017, sólo en la Argentina se han deforestado 7,7 millones de hectáreas de bosques para criar ganado. Es un método lento y engorroso el de pasar topadoras y lidiar con ambientalistas. Mejor quemarlo todo, ahorrar en gastos, echarle la culpa al cambio climático, a las vacaciones en Hawaii, y que mueran todos esos animales que ni votan ni aportan al fisco.

En Colombia y Paraguay están arrasando con las selvas por los mismos bistecs. La única solución plausible sería controlar los bosques, pero los gobiernos no están para proteger a la naturaleza, sino para saquearla. Como unos cuántos se enriquecen, y la gente termina sacándole fotos a sus hamburguesas del mcdonald’s, el burguer king, o la porquería que sea, y las publica en sus redes sociales con orgullo, es un círculo vicioso que fructifica sin problemas.

Al primer ministro australiano le acongoja haber estado en Hawaii sacándose selfies… Cree que se pueden satisfacer 10 millones de hectáreas arrasadas con un hipócrita “mea culpa”. Como la noción de “pueblo” se ha vuelto algo atomizado y virtual, lo más terrible que le podrá suceder será no ser reelecto… “porque los australianos están enojados”. Si estuvieran realmente enojados, lo enajenarían de todos sus bienes y lo meterían en unos de esos campos de concentración isleños. Pero hay leyes que protegen a estos hombres con un sinfín de policías, soldados, burócratas, jueces, etcétera, que arrastran códigos penales desde la época en que toda Australia era una colonia penitenciaria, y sostienen una forma de vida, unos “valores”, que se traducen en esta farsa que estamos viviendo: están destruyendo los bosques para criar ganado.

  @elagujeroazul    Alexander Katzowicz