Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3  

Morelia, Mich., 9 de agosto, 2020.-Lo trasladaron hace más de una semana a un hospital militar de Cuernavaca para atenderlo de emergencia tras el contagio de COVID 19. Su nivel de oxigenación era de 63. La situación era delicada. Manuel, El Pelos, estaba nuevamente en la antesala de la muerte.  

Sus hijos Adrián y Manuel (El Bebé) lo habían llevado primero al hospital militar de Cuautla. Junto con su esposa Lourdes (cuyos síntomas eran menos graves), pero ante lo delicado de su estado de salud fue necesario trasladarlo a Cuernavaca.  

–Pinches ojetes, ya me llevan al matadero!–, les gritaba a sus hijos.  

–No papá es para que te mejores, necesitas equipo médico y especialistas–, le aclaró su hijo Adrián.  

–¡Se quieren quedar con todo!, vociferaba, mientras lo subían al carro.  

–Pero sino no tienes nada. La casa es de mi mamá y el negocio ya te lo acabaste.  

–¡Y mis terrenos qué!, ¿esos no valen nada?  

Desde niño la vida de Manuel estuvo plagada de incidentes. En cierta ocasión cuando nuestro vecino don Rafael iba a dejar a sus hijos a la escuela en su camioneta, del barrio San Miguel a la Vicentina (lo que sería una distancia máxima de dos kilómetros), para ahorrarse la caminada, El Pelitos se subió al vehículo de nuestro vecino en la parte trasera sobre la defensa; en una mano llevaba la mochila y con la otra se agarraba de las redilas.  

Después de la deportiva de La Purísima todo era baches, terracería y algo que alguna vez estuvo pavimentado. Al pasar por un desnivel se le desprendieron las manos y cayó al suelo; para su mala suerte uno de sus pies quedó atorado en la defensa de la camioneta. La gente le gritaba a don Rafael que iba arrastrando al Pelitos. Cuando se detuvo, mi hermano estaba raspado de las piernas y manos, tenía además aboyada la cabeza. No pasó a mayores, y días después estaba recuperado, eso sí con varias costras y moretones en todo el cuerpo.  

Cuando joven, Manuel trabajaba en el transporte público, llamados peseros. Siempre andaba acelerado, al cobrar el pasaje a una de las personas que venían en el asiento trasero del auto,  supongo iba distraído, no se fijó que estaba estacionada una patrulla y se impactó fuertemente, causando graves destrozos en los dos vehículos. Al menos un pasajero resultó gravemente lesionado. El Pelos solo tuvo algunos golpes no graves.  

Hace unos años, aproximadamente cinco, Manuel estaba en su “deshuesadero” (refacciones usadas), cuando le dieron ganas de montar. Ahí mismo tenían varios caballos en corrales. Recientemente había adquirido uno de color blanco salpicado de negro: grande, entero, brioso, incluso, había estado encerrado varias semanas, nadie se le había acercado.  

Le colocó la silla de montar. Lo llevó afuera de su negocio donde había un cañaveral y luego trepó. Apenas estaba arriba cuando el caballo comenzó a respingar, trató de galopar, pero en los zurcos había trozos de caña que quedan después del corte donde, tropezó el caballo y cayó encima de Manuel.  

Afortunadamente pasó una ambulancia, uno de sus hijos la paró, venía vacía y lo trasladaron a un hospital más cercano de Cuautla, pero dada su gravedad sus hijos y hermanos decidieron trasladarlo a la Ciudad de México. El conductor de la ambulancia se negaba llevarlo a la capital, pero mi sobrino El Chano, lo amenazó con despedirlo, le dijo que era amigo del alcalde, del gobernador y del Presidente. Además de que mide 1.90 y pesa como 150 kilos. Así que no hubo mayores problemas.  

Lo llevaron a la Ciudad de México y tampoco lo aceptaban en los hospitales porque requería atención especial, argumentaban los médicos que lo recibían. En el G. A. González lo atendieron, pero los médicos les dijeron a sus hijos que no había mucho qué hacer.  

Tenía perforado un pulmón; fractura en la pierna y la pelvis desprendida, así como un derrame cerebral. Estuvo hospitalizado cuatro meses, buena parte del tiempo en terapia intensiva, pero finalmente fue dado de alta. En la garganta le aplicaron una traqueotomía. Su recuperación fue larga, duró más de un año, primero se desplazaba con una andadera y con muchas dificultades y luego comenzó con el bastón que utiliza hasta la fecha.  

Un compositor popular de Cuautla le escribió al Pelitos el corrido El Gato Montés, en el sentido de las siete vidas. En al menos tres fiestas de cumpleaños o reuniones escuchamos el corrido. La próxima semana lo darán de alta. Es la cuarta ocasión que Manuel la libra. Tiene 62 años y aún le quedan tres vidas, aunque es mejor que ya se la lleve tranquila, porque ya no tiene en dónde le den. Como dijo uno de mis hermanos, antes de que lo llevaran al hospital de Cuernavaca, sino pudo contigo un caballo de más de 600 kilos, menos un pinche bicho que ni se ve.