Úrsula Albo/Noticias y Debate M3

CDMX, 21 de abril, 2019.-Tras haber consultado por primera vez en páginas web una diversidad de noticias, información sobre nuestro trabajo o incluso de las cosas que más nos gustan, nos damos cuenta que esta tecnológica es maravillosa, pues nos permite conectarnos entre nosotros, encontrar datos importantes, interesantes y útiles. Lo malo es que estos beneficios no son para todos y también son aparentes. 

Todavía se sigue peleando el acceso a internet como un derecho en todo el mundo, ya que significa la vía libre a la información, a estar comunicados, a saber para poder actuar. Esa es una lucha por vencer, sin embargo, comienza otra igual de grave, que implica a los que sí están conectados.

El científico computacional británico Tim Berners-Lee, gracias a quien existen las páginas de internet, el 12 de marzo de 1989, envío a la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en Francia, una propuesta para crear un sistema de administración de información que pudiera tener acceso a los datos de este centro de investigación desde cualquier computadora. 

Con ello Tim Berners Lee sugirió la creación de un sistema de texto vinculado con otro texto, en forma de red para administrar todo el conocimiento que se tenía. Así nació la base de la estructura bajo la que se creó la World Wide Web (www), la red de dispositivos computacionales más grande del mundo.

Pero las cosas ahora han cambiado después de casi 25 años, el mismo Tim Berners Lee recién publicó una carta en la que enlista las tres tendencias que, desde su punto de vista, amenazan con destruir esta red. 

La primera, es que hemos perdido el control de nuestros datos personales, gracias al nuevo modelo de negocio de muchos sitios web el cual nos ofrecen servicios o información gratuitos a cambio de grandes cantidades de información personal.

Al aceptar confusos y extensos avisos de términos y condiciones la ponemos a su disposición en automático. Con ello, según Berners-Lee, perdemos los beneficios de poder elegir con quién y cuándo compartimos nuestros datos con el fin de ser usados para beneficio de las empresas o de los gobiernos.  

En segundo lugar, la desinformación se esparce fácilmente, pues según la agencia de marketing digital Brandwatch, más de 50,000 historias falsas se identificaron entre octubre del 2016 y enero del 2017, tan solo en los Estados Unidos. Si bien las historias falsas siempre han existido, gracias a la web ahora se diseminan con mayor facilidad.

El último punto, es que se ha convertido en un nido de propaganda política, cristianizándose ésta, en una industria sofisticada la cual se dirige a un usuario en particular, o incluso lo lleva a sitios con poca credibilidad, manteniéndolo alejado de los estudios confiables.