Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3  

CDMX, 29 de agosto, 2020.-El calendario nos condujo, una vez más a otra fecha de reconocimiento, éste fue el caso del Día Internacional de la Mujer Indígena que se “celebra” cada 5 de septiembre desde 1983. Y aunque se dice que se eligió esta fecha a la memoria de Bartolina Sisa Vargas, mujer aymara –antes que indígena- en esta misma fecha, pero de 1782, fue descuartizada por los invasores españoles durante la rebelión anticolonial de Túpaj Katar, en el actual país de Bolivia.  

Sin embargo, en nuestro contexto la conmemoración ha pasado como una fecha más fagocitada por el Estado y por el mercado global. Por un lado, la institucionalidad del Estado mexicano para legitimar su poder y, por el otro, por la lógica mercantil que ensancha su mercadotecnia apostando por el folclore y lo “bonito”, pero que también hacen coincidir en estrategias.  

Porque si bien se hace show y hasta pasarela, al mismo tiempo se silencian temas en que las mujeres de naciones originarias se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad.  

Pues hay un silencio sistemático, por ejemplo, en el caso de la pandemia de VIH que azotó el estado de Oaxaca. Pues “de los más de 6 mil casos de los que se tuvo conocimiento en Oaxaca, el 80 % es población indígena, asegura la directora estatal de Coesida, Gabriela Vázquez” (El Universal, 03/09/2018) Situación que afecta de manera directa a las mujeres.  

Esto mismo se repite en el caso de la esterilización forzada de mujeres en comunidades originarias. “El modus operandi de las brigadas, integradas por personal de la Secretaría de Salud es conocido y varía según el caso, teniendo como común denominador las amenazas y chantajes relacionados con la aplicación o suspensión de programas sociales, soporte material de subsistencia de millones de indígenas” (Cultura Colectiva, 01/12/2017).  

O también algunos ecos de nulo reconocimiento se dan a partir del caso de las “40 juanitas” en el estado de Chiapas. “Al menos 40 mujeres que obtuvieron cargos de elección popular en los comicios locales del pasado domingo 1 de julio empezaron a renunciar para darle paso así a hombres en esos escaños, esto bajo presión en la mayoría de los casos por los líderes de sus partidos del PRI, PVEM, PANAL, al igual que de los partidos locales, Chiapas Unido y Podemos Mover a Chiapas” (Proceso, 06/09/2018).  

En este sentido, la consejera electoral Sonia Margarita Sánchez Domínguez sentenció que en estas renuncias masivas encuentran claro indicio de patrones de violencia política contra las mujeres y que se dan en municipios con población originaria.  

Cada caso referido (y que desafortunadamente no son los únicos) es una pieza que conforma un hermoso “collar” que espejea la situación de las mujeres de naciones originarias en el país. Sin embargo, se silencian para dar paso a un reconocimiento oficial vacío que sólo alimenta un estado de cosas que coloca a las mujeres en estas situaciones de vulnerabilidad y de marginación.