Úrsula Albo/Noticias y Debate M3

CDMX, 22 de abril, 2019.- A partir de los descubrimientos de un sistema solar llamado Trappist-1, dado a conocer por la NASA, varios temas, y perspectivas se pusieron en la mesa de discusión. Muchos, entusiasmados al saber que contiene siete planetas con masa similar a la Tierra, donde tres de ellos podrían, incluso, contar con océanos de agua en su superficie, vieron la posibilidad de llevar a cabo estudios científicos y tecnológicos con la finalidad de ver si son habitables para el ser humano.

Esto muestra una cuestión muy delicada, que se ha percibido a lo largo de la historia humana y sobretodo de la visión eurocéntrica, que es la conquista de todo y sobre cualquier cosa. Es gracioso como ni siquiera sabemos si existen otras formas de vida las cuales deberíamos conocer primero, antes de dar por hecho que podemos invadir o saquear los recursos que nosotros como humanos estamos a punto de acabarnos en la tierra. 

A pesar de que los astrónomos afirman de que  es imposible determinar a ciencia cierta la existencia de vida en el nuevo sistema planetario descubierto por la NASA, y que las herramientas actuales todavía no permiten llegar a ellos, seguramente los gobiernos y empresas invertirán mucho dinero en esta nueva exploración, como lo hicieron los grandes imperios en su momento para adueñarse de las nuevas tierras encontradas en las exploraciones a nuestro planeta. 

Otra postura que hay, y la cual se me parece la más sensata, así como mesurada, es la que afirma que el descubrimiento de Trappist-1 es ya que es la primera vez que se puede medir tal cantidad de masa y radios de composición terrestre en un solo sistema. Lo cual, con su estudio, nos podrá dar pistas para saber cómo se formó la tierra. 

Por lo que la Guerra de las Galaxias todavía está muy lejos, y hay que ir controlando nuestros impulsos para irnos al lado obscuro e intentar formar un imperio humano.