Miss Editoriales/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 1 de julio, 2019.- En épocas electorales suele haber posiciones radicales no sólo entre los partidos políticos y sus candidatos y militantes, sino entre la población en general. Este fenómeno se vio muy agudizado durante el proceso comicial de 2018 pero se ha venido prolongando más allá de las votaciones.

Desde tiempos de campaña, se acuñó el término de chairos a los seguidores del entonces candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y de fifís a sus opositores. Las posiciones radicales no sólo no terminaron al finalizar las actividades proselitistas sino que se han hecho más álgidas a partir de que el tabasqueño se convirtió en el Presidente de México.

La palabra chairo se usa despectivamente hacia las personas que están en contra de las políticas de derecha, en tanto que el vocablo fifí se refiere a los conservadores.

Sin embargo, más allá del origen o significado estricto de estas palabras, pareciera que el debate se ha convertido en un asunto de orden clasista, prácticamente entre ricos y pobres.

Es decir que en la actualidad se usa como ofensa usar el término chairo, pero ya no sólo por ser simpatizante de López Obrador, sino por ser considerada una persona de clase económicamente baja; en tanto que se hace referencia como fifís a la gente de clase media y alta.

Es así que quienes se han asumido como fifís, critican severamente las políticas de asistencia social del Presidente, como el apoyo a los jóvenes o a los migrantes centroamericanos, más por ser pobres que por cualquier otra razón.

Y de esa forma consideran que merecen más apoyo los artistas, deportistas o científicos más por un tema clasista que de auténtica equidad.

Es un tema que debió terminar al finalizar las campañas, pero por el contrario, cada día se agudiza más, lo cual no es benéfico para un país con tantos problemas y retos por superar.