Antonio Tenorio  Adame*

Puebla, Pue.,  10 de octubre, 2019.- Las Cuatro luces de bengala que cayeron sobre la Plaza del mitin de Tlatelolco son verdes, dice Hugo Hiriat -Excélsior 4 octubre de 1968-, se despliegan sus fuegos para advertir que esta fecha no puede pasar a la historia patria como la tarde de la represión, y que el lugar lleve el nombre de la Plaza de las Cuatro culturas.

 Cuenta también Hiriart, la entrevista de Sartre a Daniel Cohn-Bendit, líder del Mayo Francés,  en la que le da a conocer el reclamo de mucha gente a quienes  no saben poner en su lugar lo que rompen. La respuesta del joven dirigente es: “la fuerza de nuestro movimiento reside, precisamente en que se apoya en una espontaneidad “incontrolable”, sin tratar de canalizarlo u utilizar  en provecho suyo la acción que ha desencadenado; enseguida ofrece dos caminos, uno que los especialistas hagan un programa y dos tratar de hacer comprender la situación a un buen número del pueblo.

 Para ello hay que evitar la organización de un programa, pues resultaría inevitablemente paralizante. La única posibilidad del movimiento es precisamente este desorden que permite la libre expresión de la gente y puede desembocar en una cierta forma de auto-organización. Como se sabe el Movimiento parisino estuvo a punto de derribar al Presidente De Gaulle, se reflejó en el ajuste monetario internacional y puntualmente alcanzo a paralizar con una huelga general la economía de mercado.

Pero si el Movimiento Francés, no tuvo programa, a la inversa del Movimiento mexicano, aquel no fue reprimido resultó victorioso políticamente pero no se sustentó posteriormente, si bien  fue un Movimiento sin programa ni demanda,  como si lo contenía el Pliego Petitorio de los mexicanos que fue retenido sin  evitar que sus ecos se dieran con posterioridad, e inversamente al paro general de París, aquí se vivió los resultados de la huelga de los ferrocarrileros en su origen por lo que partió de una represión y se llegó al final con su liberación.

 AYER Y HOY PLIEGO PETITORIO M68/18

El presente contiene al pasado, Hay muchas experiencias resucitadas que han vuelto a surgir con bríos, como ocurre con la libertad de expresión manifiesta en todo el proceso de protestas estudiantiles, desde sus incipientes orígenes hasta la actualidad en el movimiento de los jóvenes “millennials”.

Para destacar el postulado anterior es suficiente volver la mirada a la situación  presente donde los medios señalan que después de 17 horas de discusión en el Auditorio Ho Chimin de Economía, para lograr el consenso en la elaboración de pliegos  petitorios de 50 escuelas, se llega a un receso para convocar a la Asamblea una vez recabadas consultas en sus escuelas.

El continuum entre el pasado y presente es el llamado Pliego petitorio, como una base de acuerdo social que se recaba y renueva en las contingencias que exige la realidad. Los estudiantes, como estrato social renovable por su movilidad generacional y de transformación por el conocimiento, han aprendido como movimiento a negociar con base en una cultura de legalidad y legitimidad, como lo expresa bien el petitorio.

Hace 50 años el eje de articulación del movimiento social más importante triunfo sobre la fuerza y la violencia que se ocultaba en la llamada “razón de Estado”.

Las peticiones de hace medio siglo planteaban en primer término el respeto a la Constitución, la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código penal cuya aplicación era la represión a los movimientos sindicales, y de oposición, otros puntos de la demanda exigían las renuncias de responsables directos de las represiones y la disolución de los cuerpos policiacos.

El M68 triunfó a pesar de que fue derrotado por la brutal represión de Tlatelolco que dio lugar a un relato basado en la tragedia y en la condena al Estado como huella del blasón represivo. Tan fueron victoriosos los estudiantes que hoy de nuevo están en la vanguardia del reclamo de respeto a los derechos de libertad de expresión.

El relato opresor de la memoria derivado de la matanza en Tlatelolco ha sido una cortina de humo que atrapó con la emoción de condenar más que exaltar el triunfo de derogar las trampas legales del autoritarismo, e incluso abrir el Estado para promover la apertura del Congreso a un arco iris pluripartidista, con la reforma constitucional y electoral de 1976.

Entre los elementos que limitan una completa historia del movimiento estudiantil se encuentra que el examen de los procesos sociales que acompañaron como causa efecto de una sociedad entonces convulsionada, es también necesario destacar que se resalta a otros movimientos paralelos mientras se sumerge la propia historia de los estudiantes, resulta así que son más ampliamente estudiados las protestas de maestros, médicos y desde luego ferrocarrileros, quedando al margen la lucha de los estudiantes que fue la única que no perdió continuidad desde sus labores en el movimiento estudiantil camionero de 1958 hasta su culminación al cerrar el ciclo una década después, como lo demuestra la elaboración del  petitorio, una historia poco conocida.

De acuerdo con los comentarios a la cronología del 68 se da cuenta que este fue aprobado en la sesión del CNH el 4 de agosto de ese año, aunque sus antecedentes dan cuenta que su planteamiento original medular, los primeros cuatro puntos de defensa de la constitucionalidad y la derogación de leyes represivas, a la par de renuncias de responsables de la represión, fue producto del Primer Congreso por la Libertad de Presos Políticos de junio de 1960, convocado por el Comité creado con ese fin donde se encontraban David Alfaro Siqueiros, Renato Leduc,  Othón Salazar, y  Antonio Tenorio Adame como Presidente de la FEU, entre otros más.

Un dato de interés que permite avizorar las jornadas iniciales estudiantiles es la aportación que la base escolar de Economía en Ciudad Universitaria, donde se solicitó a los directivos docentes el Auditorio de la Escuela para la realización de dicho Congreso de Libertad de Presos Políticos, donde se preparó el antecedente del que sería el Pliego petitorio  del 68, sobra decir que fue negada la petición, eran otros tiempos, porque ahora en ese Auditorio que ganaron los jóvenes es faro de libertad y espacio de deliberación, como señala la prensa:

“Esta vez la capacidad del auditorio Ho Chi Minh fue insuficiente para dar cabida a la mayor asamblea interuniversitaria que se realiza desde 2014, cuando sesionó para organizar a los estudiantes tras la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. A las 12 horas de ayer se decidió llevar la reunión al Alfonso Caso, de la Facultad de Ciencias, donde discutieron los pliegos petitorios de cada una de las 50 escuelas, facultades e instituciones representadas. Asistieron del IPN, UAM, UPN, ENAH y de universidades de otros estados”.

El 2 de octubre triunfó, está presente, los estudiantes ganaron sus auditorios, defendieron la Constitución, ampliaron y ejercieron las libertades civiles, el M68 está presente, la reunión de estudiantes en Asamblea permanente del 2018 revive el principio clásico de lo bueno permanece.

EL REPUDIO A LA CORRUPCIÓN 1960/65

Previo a la gran movilización del 68 se dieron otras manifestaciones de consideración, la más frecuente y emotiva fue la realizada en apoyo a la Revolución Cubana, se trató de una gesta heroica que dimanaba toda su hazaña sobre las repúblicas de América Latina, entre los motivos que la impulsaban estaba la conexión generacional, se correspondían los actores directos con el imago de jóvenes vinculados culturalmente en el origen común de las naciones y en el ideal concebido por la utopía socialista, el otro factor era político lo promovían las dictaduras impuestas durante el tiempo duro de la Segunda Guerra Mundial, en especial la región del Caribe y Centroamérica.   

La solidaridad con Cuba no solo se expresó con marchas y protestas contra los gringos y su gobierno, además los jóvenes acudían al momento en que las acciones de los revolucionarios cubanos daban respuesta a las medidas de castigo dispuestas por la Casa Blanca, una de las mayores manifestaciones fue la que se convocó para repudiar la invasión de Bahía de Cochinos, que dio lugar a la decisión del General Lázaro Cárdenas de viajar a la Habana a compartir el riesgo de enfrentar a los invasores, lo cual no sucedió porque el Gobierno de Adolfo López Mateos lo impidió, dejando lugar para que acudiera personalmente a invitarle a acompañarnos a la plancha del zócalo donde tendríamos el mitin de repudio a la invasión.

Cuando la desplegada de la marcha llegamos al zócalo, el General Cárdenas se encontraba en la esquina oriente del cruce de 20 de noviembre con la Plaza de la Constitución, fuimos por él quien nos acompañó, y no obstante la improvisación y falta de recursos para montar un templete, el accedió a dirigirse con un aparato de sonido de baja potencia trepado en el capacete de un viejo automóvil.

Toda la marcha se acomodó a sentarse en el suelo para escuchar con profundo silencio el mensaje del ex presidente, quien exaltó el sentimiento de la patria latinoamericana, para manifestar el sentimiento de la Patria Grande, y la decisión de enfrentar la agresión a Cuba con una creciente y valerosa solidaridad de los pueblos indoamericanos. Esa noche fue gloriosa, quedó inscrita en los grandes sucesos de la Plaza de la Constitución ha visto transcurrir.

En igualdad sentimental se compartió la manifestación de solidaridad con Vietnam, pequeño David que vencía al Gran Goliat de las barras y las estrellas, la respuesta represiva era invariable y más dura que la operada con las manifestaciones a favor de la isla caribeña, las golpizas se generalizaban y el golpe de los sables era más fuerte, sin embargo, los iconos de las marchas se difundían por todas las partes del mundo, el Che, Fidel, Hochimin, Zapata, etc. Hacían las marchas multiplicarse en todas partes del mundo, el grado de dificultad para reconocer el escenario nacional donde tenía lugar era a veces difícil de precisar.

Un tercer factor de movilización entre el estudiantado fue el repudio a la corrupción como fueron las manifestaciones contra la estatua de Miguel Alemán Valdez, Presidente de México – 1946 a 1952- el rechazo al ex mandatario veracruzano contrastaba con la admiración y respeto a su antecesor originario de Jiquilpan, Michoacán, la corrupción era el fiel de la balanza pero también la mirada del destino de la nación, ya que el primero depositaba su instinto de mejorar la situación del país con el apoyo e imitación de los Estados Unidos, en tanto el ex mandatario michoacano con escepticismo solo estimaba el esfuerzo propio de los mexicanos para alcanzar su bienestar e independencia. El Presidente Alemán se le llegó a llamar “míster amigo” a partir de la entrevista con el Presidente Truman, a Cárdenas se elevó a calidad de forjador de la “independencia económica de México”.

Los estudiantes compartían ambas visiones, el lado nacionalista sufría el encono del embate pro imperial, lo que se deslindó con mayor claridad en la primera mitad de la década de los sesenta, los grupos de ultra derecha de corte anticomunista, de corte radical católico, desafiaron a los núcleos ideologizados de izquierda cuyo abanico de opciones iban desde ser solidarios y fraternos pasando por los impulsores de la democracia y propiciadores de mayor injerencia de Estado con medidas socialistas, hasta vislumbrar a los radicales que promovían el uso de la violencia revolucionaria.

Discurso dado en la BUAP CAMPUS TEHUACAN, el 1º Octubre 2018

(*) Docente de Ciencias Políticas de la BUAP, Campus Tehuacán, en el M68, se acreditó como representante de la Escuela de Economía de la UAP en la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior, siendo Consejero maestro de dicha institución, como dirigente de la FEU 1960 fue convocante al Primer Congreso del  Congreso Nacional por la libertad de los presos políticos y la defensa de las garantías constitucionales, donde se elabora el primer antecedente del Pliego Petitorio, también dirigió la campaña contra la corrupción simbolizada en la estatua de Miguel Alemán en Ciudad Universitaria. Fue diputado federal de la L Legislatura donde se aprueba la Reforma de Partidos Políticos para abrir paso a la apertura democrática que exigía el M68.