Antonio Tenorio Adame /Noticias y Debate M3

CDMX, 9 de octubre, 2019.- Las lágrimas de la tragedia impiden ver el rostro de la victoria. El M68 fue reprimido brutalmente, pero no impidió que la razón y el derecho de las demandas estudiantiles triunfaran, por eso en el Congreso se inscribe su memoria.

El Pliego petitorio del M 68 es el eje articulador de un proceso de luchas estudiantiles a lo largo de la década de los años sesenta a favor de la vigencia de la constitución en México, del ejercicio pleno de la autonomía universitaria y de la libertad de expresión.

La masacre del 2 de octubre fue la culminación trágica de los acontecimientos comprometidos de los estudiantes en defensa de la Constitución por las libertades civiles en contra de la barbarie del autoritarismo despótico y la corrupción.

La movilización juvenil mexicana, de  todas las estalladas en esa época, fue la única que se pretendió apagar con el crimen.

El M 68, empero, no fue suprimido con la represión, se mantuvo a través del tiempo, en la conciencia social como reclamo capaz de denunciar la barbarie, como ocurrió en la tribuna del Congreso, hasta alcanzar sus metas y modificar la estructura electoral para establecer el pluralismo democrático en la representación nacional en el Congreso de la Unión. En esa escala de sucesos hoy se aprueba su inscripción en Letras de oro en los Muros de honor de las Cámaras del Congreso de la Unión.

La historia de las luchas estudiantiles pese a su trascendencia, no ha sido examinada desde su perspectiva propia y completa, parte de esa limitación ha sido impuesta por la desproporcionada brutalidad de la fuerza con la que se le reprimió en un afán de impedir su desarrollo, además   ha sido subsumido en las narraciones de otros conflictos. No obstante el  M68 trascendió el conflicto policiaco estudiantil para mostrarse ahora como la defensa de la Nación desde  un régimen constitucional que aspira a la libertad, la seguridad, bienestar social y la convivencia civilizada de los mexicanos. Una Cuarta cultura se asoma sobre la sombra terrible de Tlatelolco.

LA PERSISTENTE MEMORIA DEL LARGO 68

El Pliego petitorio del 68 se sabe que se presentó y aprobó en la sesión plenaria del Consejo General de Huelga del 4 de agosto de 1968, sobre él se basó el reclamo, el diálogo y la negociación frustrada con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, sus puntos fueron:

1.     Defensa de la Constitución,

2.     Derogación del Artículo de disolución social,

3.     Libertad de presos políticos,

4.     Renuncia del General Luis Cueto y Coronel Rodolfo Mendiolea.

5.     Disolución de cuerpo de granaderos y 6  Indemnización de víctimas de la represión.

El origen de dicha bandera estudiantil permaneció enarbolada a través de una larga batalla a partir de la solidaridad brindada a los presos políticos derivados de las huelgas de ferrocarrileros y líderes de partidos, en el  libro de José René Rivas Ontiveros, La izquierda estudiantil en la UNAM, “Organizaciones, movilizaciones, y liderazgos”, da cuenta del discurrir de la organización estudiantil en el periodo de 1958 a 1972,  donde Sergio Zermeño dice en su prólogo, “la hegemonía ideológica y política en el seno de la UNAM perteneció a la izquierda mexicana en todas sus representaciones, con una enorme centralidad en los destinos de México y de la universidad” 12

Rivas Ontiveros destaca la presencia y carácter de las facciones estudiantiles que se disputaban la máxima representación estudiantil, la Federación de Estudiantes Universitarios, FEU: a) la oficialista de Juan Manuel Rodríguez promovida desde la Presidencia de la República, b) la “alemanista” dirigida por el estudiante de Derecho Luis Nogueda del Pozo y vinculada a Miguel Alemán, ex Presidente de la República, y c) la izquierda por Antonio Tenorio Adame, estudiante de Economía, con apoyo en el Bloque Estudiantil Revolucionario,  con la diferencia de  las otras de no  caer en la corrupción, al contrario “ se trató del primer referente estudiantil amplio que desde un principio planteó darle a la FEU una orientación política totalmente diferente a la que tradicionalmente le habían impuesto al concebírsele como un simple órgano estudiantil de los diferentes grupos de la burocracia mexicana” 303

Durante casi una década se fraguó el que sería el núcleo de la lucha social del pueblo mexicano, el Pliego petitorio fue un documento formulado para responder la política represiva del gobierno de Díaz Ordaz por la detención y encarcelamiento de alrededor de cincuenta líderes sindicales ferrocarrileros y dirigentes de partidos políticos. Bajo la bandera de denunciar y exigir la libertad de los detenidos ilegalmente se organizó el 3 de julio de 1960 el Congreso Nacional por la libertad de los presos políticos y la defensa de las garantías constitucionales, cuya convocatoria suscribían personalidades como David Alfaro Siqueiros, Filomeno Mata,  y Renato Leduc, como también organismos del sector educacional, Othón Salazar de la Sección IX del SNTE, y Antonio Tenorio Adame, Presidente de la FEU, así como miembros del foro judicial, Augusto Velazco, Arturo Rojo Coronado, y una vasta y diversa colectividad de ciudadanos.

El Comité organizador del Congreso quiso acogerse a la garantía de  libertad de expresión reconocida en la Escuela de Economía de la Ciudad Universitaria, con ese fin solicitó el Auditorio Narciso Bassols, a dicha petición las autoridades académicas se declararon incompetentes para justificar su denegación, por tal motivo el evento congregacional se efectuó en el local sindical del Ánfora, cuya localización era cercana a la Penitenciaria de Lecumberri donde los presos políticos se encontraban recluidos.

Los resolutivos del Congreso Nacional por la Libertad de presos políticos y defensa de las garantías constitucionales, fueron los pioneros de puntualizar las demandas que elevarían en 1968: la defensa de la Constitución, abrogación del delito de disolución social, libertad de presos políticos, destitución de servidores públicos responsables de la represión, Luís Cueto y Raúl  Mendiolea Cerecero,  y desaparición del Cuerpo de granaderos.

Esa fue la demanda pionera  que se enarboló por los siguientes años, en especial se entregó directamente en entrevista personal a  responsables de los  poderes de la Unión:

1.    Al Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Guzmán Neira, el 7 de julio de 1960 quien contestó a la Comisión encabezada por Alfaro Siqueiros, Filomeno Mata y el licenciado Juan Manuel Gómez Gutiérrez que “la Suprema Corte de Justicia no acepta consigna de nadie ni se amilana por la presión de grupos o particulares”; también la misma Comisión se entrevistó con el Procurador General de la República, Fernando López Arias, quien tuvo un trato coloquial a la vez amenazante, ninguna de las demandas tuvo respuesta.

2.     A su vez, Humberto Romero,  Secretario particular del Presidente de la República Adolfo López Mateos, fue entrevistado por una Comisión encabezada por Antonio Tenorio Adame, Presidente de la FEU, Martín Reyes Vaysade, los profesores Encarnación Pérez Rivero y Nicolás Abad, luego de una manifestación que llegó a la Puerta del Palacio Nacional, donde después de un forcejeo con las Guardias Presidenciales, se consiguió  ser escuchada en el despacho privado presidencial, ahí se le entregó el Pliego Petitorio con las demandas de la defensa de la Constitución y las libertades ciudadanas. Como una ironía cobrada por la vida,  posteriormente en el año 68 Humberto Romero Pérez  fue señalado como un instigador del conflicto.

Las peticiones ciudadanas por las garantías constitucionales y libertades civiles no fueron escuchadas en su tiempo causando un gran daño a la nación.