Miss Editoriales/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 26 de abril, 2019.- Este jueves se informó que las Comisiones de Hacienda y de Estudios Legislativos Segunda del Senado de la República acordaron otorgar al Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi), ahora Banco de Bienestar, la facultad de ser el responsable de dispersar los recursos de los programas sociales.

El tema es que es muy complejo el asunto de la distribución de recursos porque, como en casi todo, lo que permea es la corrupción.

Por ejemplo, en el caso de los recursos que desde gobiernos anteriores se han venido otorgando a personas de la tercera edad, algunos beneficiarios han comentado  las complicaciones y esquemas de corrupción a los que se enfrentan; para empezar, muchos de ellos están enfermos y les implica un gran esfuerzo acudir a los lugares donde se les entrega el recurso.

Emilio González, de 82 años, originario del municipio de Ciudad Hidalgo, explicó que cada dos meses eran citados en la plaza municipal para recibir el apoyo en efectivo pero, debían dar una cuota de diez pesos al representante del gobierno que se los entregaba; para los que viven en comunidades alejadas se les alquilaba un camión para el traslado, pero varias veces fueron asaltados en el mismo camión.

Otro beneficiario comentó que cuando el recurso se les depositaba en Bansefi, les era complicado acceder al dinero porque en sus comunidades no hay sucursales; algunos mandaban a sus hijos por el recurso pero luego se quedaban con el dinero.

Hace poco, circularon en redes sociales fotos de jóvenes que recibieron sus becas en Banco Azteca, presumiendo que compraron aparatos de sonido o electrodomésticos con ese dinero, pues claro, si las sucursales se encuentran dentro de las tiendas Elektra y en ocasiones los empleados les decían que no había efectivo pero que podían llevarse mercancía.

Se trata sin duda de un tema muy complicado el de la dispersión de recursos, porque prevalece la corrupción en todos los niveles, desde los mecanismos de operación, el personal encargado de la distribución, las instituciones bancarias, hasta los propios familiares. ¿Cómo acabar con eso? Difícil.