Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 19 de mayo, 2019.- El jueves pasado se realizó el conversatorio Violencias múltiples y despojo: las mujeres en la defensa del territorio en Punto Gozadera, en la Ciudad de México. Dándose cita mujeres defensoras y académicas/activistas para hacer visibles las múltiples violencias y el despojo que azotan diversas geografías del país pero también las luchas en contra de esta maquinaria de muerte.

Quienes allí se reunieron, fueron María de Jesús Patricio Marichuy, vocera del Concejo Indígena de Gobierno; Samantha César Vargas de la Asamblea de Resistencia de Amilcingo y Gisela Espinoza de la Red de Feminismos Descoloniales. Se compartió la palabra en medio de un salón abarrotado en un día de plena contingencia.

La primera en hablar fue la representante de la Asamblea de Amilcingo. Ella explicó la trayectoria de la lucha y formas organizativas que han empleado desde los años que llevan oponiéndose al Proyecto Integral Morelos (PIM). Después siguió la investigadora Gisela Espinoza, quien enfatizó el papel de las mujeres en diversas luchas que se expresan en todo el territorio del país. Marichuy cerró el conversatorio.

Ella señaló lo necesario de mantener el vínculo entre las diversas resistencias, pues una lucha aislada nace muerta. Además remarcó que esas luchas deben tomar conciencia de sus ritmos particulares, para que ninguna vaya adelante o que otra quede atrás rezagada. Aparte de estas voces me gustaría enfatizar un punto.

Cuando se abrió el micrófono para que el diálogo se ampliara a todas y todos los asientes. No faltó la pregunta, casi ya un lugar común en este tipo de reuniones, de cómo apoyar las luchas desde los espacios urbanos. Consciente o inconscientemente se hace evidente la condescendencia, es decir, como si el otro o la otra se le tuviera siempre que ayudar a resolver sus problemas y no en sumar las luchas, unas con otras.

Sobre todo en un día con una alerta de contingencia extraordinaria en todo el Valle de México. Pues la violencia y el despojo también son dos monstruos que a diario azotan a la Ciudad de México. ¿Acaso no es violencia no contar con la calidad de aire para una vida saludable?¿No es violencia no tener un plan frente a una contingencia así, por más extraordinaria que sea la situación? ¿No se percibe el despojo que se hace del territorio por medio de la gentrificación y el apartheid social? ¿No es violento el despojo, al ser talados de miles de árboles, por proyectos como el Deprimido Mixcoac o la construcción del Tren Interurbano?

Sin duda, nos falta a los urbanitas tomar conciencia del sentido del territorito. La vida sedentaria y atomizada nos ha llevado a pensar que nuestro territorio en la Ciudad es apenas el espacio de nuestra propiedad privada o de nuestro espacio íntimo y, no, el espacio que recorremos y caminamos a diario; como se explicó en el conversatorio. Nuestro territorio es el espacio en el que nos desplazamos para reproducir nuestra vida en la Ciudad de México.

Nos hace tanta falta vincularnos de otra forma con esas luchas fuera de la Ciudad, pero sobre todo empezar a defender dentro de ésta algo simple pero tan vital, como es el aire.