Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 30 de julio, 2020.- Le dicen el Guanaco, se llama Elías Sánchez y trabaja con un maestro que dirige el grupo de carpinteros al que se incorporó como chalán. Migrante salvadoreño, cuenta con tristeza su experiencia “al querer emigrar a un país que muchos dicen es próspero, mas sin embargo no te traten como tú quisieras: Estados Unidos. No logré establecerme allá y actualmente ya tengo tres años en México, a donde logré llegar vivo luego de pasar Chiapas, el primer estado de este país, a mi criterio el más peligroso, inseguro de pasar, debido a que hay más control migratorio en tu camino”.

El Guanaco confirma la conclusión de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH): Actualmente es difícil migrar hacia Estados Unidos. En México encontró trabajo, y un salario que le permite enviar dinerito a su familia en su país de origen, y no exponerse a más robos como los que padeció en su tránsito hacia la frontera norte.

–Si –dice Elías–: la palabra Guanaco nombra al animal que es de la familia de las llamas. A los salvadoreños bien nacidos nos llaman guanacos por trabajadores, no damos vuelta a la carga laboral, por pesada que sea.

Recuerda a las personas que por su inexperiencia, al emigrar se delataban por sus gestos y nerviosismo: “A la mitad de Chiapas crecen los puestos de los agentes de migración, son kilómetros y kilómetros de interrogatorios, son muchas personas al acecho, muchas autoridades y pandillas mexicanas”.

Olga Aikin Araluce y Adriana González Arias, investigadoras y autoras del informe “La condición de vulnerabilidad de los migrantes en tránsito por la ruta del Occidente de México”, destacaron que los riesgos de las rutas migratorias pueden ser de dos tipos en general: circunstanciales y arbitrarios. Los primeros, derivados de los peligros del transporte utilizado y de las características de las rutas: atravesar zonas despobladas con animales peligrosos, extensiones de agua que son obstáculo para quienes no nadan; falta de calzado o ropa para las inclemencias del terreno y el clima. También los accidentes en carretera, las caídas de trenes o camiones de carga en movimiento. Además, las agresiones contra la vida e integridad de la persona migrante, tanto físicas como psicológicas: robos, extorsiones, secuestros y trata de personas, abusos perpetrados en su mayoría por el crimen organizado y por las autoridades.

Elías el Guanaco supo de estas historias y sus reiterados fracasos para establecerse en Estados Unidos lo decidieron a elegir México como su destino. La frontera norte no le agradó y aprovechó un raite para volver al centro del país. Penó en Guadalajara, Morelia, Guanajuato, hasta que topó en Nacucalpan con los carpinteros, en un comedor:

–¿Es más fácil limosnear que trabajar? Vente con nosotros y hasta un oficio aprendes –dijeron–. No lo pensé y aquí ando; soy el traidor: “trae esto, trae aquello”. Barro el taller, acomodo las herramientas, pregunto para qué sirven y me han puesto a practicar: hago cajitas de madera con los trozos sobrantes. Me gusta el oficio. Es muy limpio.

Elías recuperó su confianza en la humanidad. A la hora de la comida van a la fonda aledaña al taller. “Ya me acostumbré al sazón de acá, y a las bromas de los compas. Cargan la mano, pero te acostumbras y aprendes a responder. El Maestro me ofreció un espacio en su casa, mientras paso de chalán a ayudante y de ahí a medio oficial. Eso me permitirá ganar más. Yo le correspondo poniendo empeño en el aprendizaje y ahorrando para enviar algo a la familia en El Salvador: mis padres, mis hermanos y hermanas”.

El Guanaco se suma a la cascarita futbolera, convive en El Molinito con los vecinos del Maistro; procura no meterse con los malillas que no faltan y agradece haber embonado en lo que ya considera “mi barrio, muy solidario, tanto que me ha hecho olvidar muchos horrores que vi en el camino, los abusos de los agentes de migración, de los policías en los estados que pasaba; la falta de agua, comida, sobre todo cariño: aquí ya tengo una novia con la que hacemos planes, que ojalá se hagan realidad; no es fácil, porque los precios se disparan, los sueldos son bajos, caros son el transporte y las rentas. Pero de que se puede, se puede: nomás hay que sacrificarse para lograrlo”.