Salvador Jara Guerrero/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 7 de marzo, 2020.- Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro, decía Niels Bohr. La afirmación no es pueril, estamos tan acostumbrados a predecir que a veces creemos que de verdad podemos conocer el futuro, pero no.

La teoría sobre catástrofes se debe al matemático francés René Thom, quien la desarrolló en los años 60s. Es una rama de la teoría de los sistemas dinámicos, tan famosos hoy día y mejor conocida como teoría del caos. Estos fenómenos críticos están caracterizados por cambios drásticos producidos por pequeñas variaciones tanto en fenómenos naturales como sociales, por ejemplo fuertes lluvias que ocurren repentinamente y producen grandes inundaciones o manifestaciones que se salen de control como los desórdenes ocurridos el pasado 2 de octubre.

Las crisis ocurren precisamente porque cuando las cosas van bien, se descomponen. Una vez descompuestas, las causas de la crisis pueden parecer tan evidentes que nos sorprende no haberlas previsto. Y es que estos hechos se caracterizan precisamente por la falta de control sobre sus variables. Las aplicaciones de esta teoría van desde la estabilidad de barcos y aviones o el comportamiento de animales y de grandes conglomerados humanos, por ejemplo los motines en prisiones, hasta las catástrofes climáticas.

Los recientes acontecimientos de inseguridad en el país pueden representar una oportunidad para quejarnos del sistema político y de la corrupción actual o de antaño, podemos culpar a los partidos políticos, a sus líderes, al neoliberalismo o al imperialismo yanqui de nuestras desgracias, pero sin duda que sacaríamos mayor provecho de la crisis si reflexionamos acerca de la situación de riesgo permanente en la que vivimos hoy día.

La población mundial ha crecido a un ritmo de 1.2% anual en los últimos años, se ha duplicado desde 1950, y hoy somos más de 6,600 millones de pobladores. Cada segundo nacen cuatro nuevos seres y mueren menos de dos, lo que da un incremento de más de 2 personas por segundo en el mundo, casi diez mil nuevos habitantes por día.

El principal factor del desequilibrio poblacional actual es la disminución de la mortalidad, producto de los avances en los sistemas de salud en todo el mundo. Además de los retos de educación, empleos y salud que este crecimiento plantea, agravados por las desigualdades sociales, el solo hecho de que todos necesitamos un espacio en el planeta nos ha obligado a vivir en multitud, y a poblar zonas que en su mayoría son inseguras, mientras que a unos les amenazan los temblores, a otros los incendios forestales, las inundaciones, los tsunamis o los volcanes, a otros la inseguridad de todo tipo desde los robos cotidianos, los asesinatos o las manifestaciones violentas, en fin que el porcentaje de la población mundial que vive en zonas seguras es una minoría.

Las catástrofes ocurren cuando un suceso excede nuestra capacidad de respuesta y nos sobrepasa. De pronto mucha gente retira su dinero del banco, se propaga un rumor, se contagia un virus, se juntan dos grandes tormentas, la combinación de fenómenos sociales o naturales aunados a la falta de prevención o prudencia nos hace más vulnerables y nos expone peligrosamente a las crisis.

Un fenómeno natural se convierte así en una gran amenaza, pero un manejo irresponsable o inadecuado de los medios de comunicación y las redes sociales puede ser una amenaza aun mayor. El comportamiento de las masas es de los fenómenos más impredecibles, lo hemos observado en los eventos electorales, en las encuestas, en las protestas y en muchos otros casos.

Si bien no podemos adivinar el futuro, sí es posible prevenirnos, ser prudentes y poner todo el conocimiento a nuestro alcance para protegernos. La intolerancia, la desidia, la imprudencia o la irresponsabilidad individual y colectiva aumenta peligrosamente el riesgo de una crisis. Las lluvias, los sismos o los huracanes no son sino fenómenos naturales que han existido siempre y seguirán ocurriendo, las guerras y la anarquía también.