Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 16 de julio, 2019.- hace casi medio siglo que el escritor y periodista norteamericano, Truman Capote publicó la novela-reportaje A sangre fría. Obviamente que la maestría en la narración le dio otro valor a la reconstrucción del asesinato de cuatro integrantes  de una familia de Kansas, Estados Unidos.

En un lugar como México, y particularmente Michoacán, hemos perdido la capacidad de asombro, podemos hablar de 100 mil o  más personas asesinadas, en la última década, de la manera más cruel y sanguinaria que puede uno imaginar, sin mayores consecuencias.

Llamó la atención del escritor norteamericano  el hecho de que la familia  Clutter fuera ultimada sin sentido alguno. Se trataba de una pareja, su hijo de 15 y su hija de 16 años. Era una familia próspera de agricultores. Y como ocurre en casi todos los crímenes, los asesinos buscaban dinero fácil.

 A diferencia de México donde el 95 por ciento de los homicidios son impunes, en Estados Unidos los responsables fueron enjuiciados y condenados a muerte. Aquí todo se puede y con dinero hasta   uno de los capos más grande del mundo pudo escapar de la cárcel, y dos veces.

No se trata de avalar la pena de muerte, sino la forma como algunas sociedades alcanzan altos niveles de descomposición. Es cierto que en el país vecino del norte también tienen problemas graves de  violencia e inseguridad, pero sobre todo en los sectores bajos donde viven los migrantes. Pero en México  hemos padecido una  pobreza  creciente en último medio siglo, aunado a ello la delincuencia se ha vuelto incontrolable,  no sólo se ha dedicado a traficar,  sino que ha ejecutado a sus adversarios y  a víctimas que no cumplen con sus demandas, sino también a extorsionar a la población civil.

A la sociedad norteamericana de la década de los 60 le conmocionó un crimen de cuatro personas, y con justa razón. En México  han transcurrido décadas y  seguimos observando policías-delincuentes; funcionarios ligados a la delincuencia organizada, delincuentes convertidos en policías; evasión  de reos de alta peligrosidad, lo que refleja en síntesis una seria  descomposición social.

Hay que decir que en la década de los 60 México era todavía un país de desarrollo; con sector rural sano y prácticamente libre de violencia; pero a principio de la década de los 70, todo se vino abajo. La corrupción  se convirtió en el eje del sistema; evolucionaron los vicios e ilícitos hasta alcanzar la crisis que hoy vivimos.

 A sangre fría han actuado miles de delincuentes,  pero también  cientos de servidores públicos han preferido el camino de la criminalidad pero desde la impunidad que ofrece el poder.