Por José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 7 de febrero, 2019.- En noviembre de 2006 el naciente cártel de La Familia Michoacana, en un mensaje publicado en dos diarios locales del estado señalaba que lucharían contra el cártel de El Milenio, por lo que no permitirían secuestros, extorsiones, asesinatos ni robos. “Nuestra única razón es que amamos a nuestro estado y ya no estamos dispuestos a que la dignidad del pueblo sea atropellada”.

Después de secuestros homicidios, cobro de piso, este cartel  se dividió, incluso varios de sus cabecillas fueron detenidos o abatidos.

El 10 de marzo de 2011, la delincuencia anunció el surgimiento del grupo delictivo autollamado Los Caballeros Templarios. En unas 30 mantas  en lugares visibles de los municipios de Lázaro Cárdenas, Apatzingán, Zitácuaro y Morelia, dieron a conocer sus objetivos: “brindaremos el servicio de protección que daba La Familia Michoacana para evitar que otros grupos penetren al territorio michoacano”.

Todo parecía que se trata de grupos protectores de la sociedad michoacana, pero sin duda se trató de las bandas criminales más sanguinarias y violentas que haya habido. De 2007 a 2014 se contabilizaron más de cinco mil ejecuciones. De hecho la presencia de estos cárteles provocó el surgimiento de los grupos de autodefensa.

Con la desintegración del Grupo Especial G-250  (diciembre de 2014), que formó el ex comisionado para la seguridad Alfredo Castillo con el fin de perseguir a los cabecillas templarios, quedaron fuera de ese cuerpo policiaco personas que fueron parte de grupos delictivos como Los Viagras, y  fueron ellos  los que  organizaron un nuevo grupo criminal bajo el disfraz de autodefensas.

Ahora son Los Viagras los que se diputan las plazas con el Cartel Jalisco Nueva Generación. El crimen organizado cambia de nombre y de protagonistas, pero los daños que ocasiona son los mismos. Han sido miles de personas las que han muerto, y todo parece seguir igual, porque finalmente el negocio ilícito de la droga, el secuestro, la extorsión y cobro de piso sigue siendo la mejor salida, mientras no cambie el sistema de aplicación de las leyes y la justicia. El reto es grande, pero se pueden dar los primeros pasos, y eso lo veremos en los próximos años.