Salvador Jara Guerrero/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 8 de marzo, 2020.- Antaño las diferencias entre las opciones políticas en el mundo y en México eran muy claras. Las izquierdas y las derechas se distinguían por sus principios y proyectos a largo plazo. En general eran denominados conservadores los partidos de derecha. Y mientras que la izquierda privilegiaba un estado fuerte con instituciones que otorgaran servicios gratuitos de calidad en materia de salud y educación, la derecha prefería que la calidad fuera cuestión privada, que los servicios de excelencia en educación y salud cobraran. Los hospitales y las escuelas públicos eran para entretener y dar servicios mínimos a quienes no pudieran pagar los servicios privados. La derecha se aliaba con los empresarios y la izquierda los limitaba para que no tuvieran poder excesivo. La izquierda era incluyente y la derecha elitista.

Se decía que la regla de gobierno era la del péndulo, es decir, gobernaba un periodo la derecha y otro la izquierda. Los partidos llevaban la mayoría de la carga o la responsabilidad en las elecciones, el prestigio del partido y su capacidad organizacional eran la clave para triunfar en las elecciones. Los programas de gobierno atendían a los principios partidistas y modelos de desarrollo plasmados en los documentos fundamentales de los organismos políticos.

También es cierto que la participación ciudadana en las votaciones estaba ligada a las organizaciones existentes en las estructuras partidistas y a sus demandas.

Hoy día es cada vez más difícil distinguir entre los partidos, sus propuestas están cada vez más desligadas de sus principios originales y atienden casi exclusivamente a la demanda diaria de la población, especialmente las de los grupos emergentes que han logrado visibilidad. Los partidos políticos ya no parecen buscar un ideal de país sino sencillamente cultivar el voto de los liderazgos ciudadanos. Así uno puede encontrar contradicciones en los principios. Por ejemplo, abandonar el laicismo porque parece más rentable políticamente la alianza con determinados grupos religiosos, o apoyar el aborto porque parece una causa que puede atraer muchos votos. Hemos pasado de la defensa de los principios y las ilusiones a la defensa de las causas, así sean inmediatas. Todo por los votos. Hay causas legítimas, sin duda, pero nos estamos quedando sin principios.

El resultado ha sido, entre otros, que los militantes y los candidatos en un solo partido no muestran congruencia alguna, los hay conservadores, anarquistas, populistas, izquierdistas, social demócratas, sólo los une su capacidad para atraer votos, para operar políticamente. Es decir, estamos concentrados en mirar el paso inmediato y perdemos el bosque, y esto provoca que sea muy difícil la elaboración de proyectos a largo plazo.

La emergencia de causas con demandas complejas ha puesto de manifiesto recientemente la ausencia de propuestas serias y congruentes en materia de políticas públicas. Podríamos mencionar a casi todos los grupos vulnerables, las mujeres, los migrantes, los jóvenes, y los indígenas. Podemos añadir a las personas con discapacidad, las personas mayores y los talentos.

El caso de las mujeres es muy ilustrativo, es quizá la causa que más ha crecido y cuyas demandas son incuestionables. De pronto se aparece un movimiento que abre los ojos a muchos de nosotros, se despierta la sociedad, reflexiona y recibe poco a poco el apoyo de todos. Un día sin ellas. Otros y otras responden con un día con ellas o un día con nosotras, no se entiende bien si como apoyo o para debilitar el movimiento. Pero, con todo, se evidencia una terrible violencia machista que va de la psicológica a los feminicidios. Emerge a la luz pública una rabia acumulada por la marginación de todo tipo, laboral, intelectual, social, sexual, familiar, nada que no se supiera, pero que pasaba de manera invisible, desapercibida, inadvertida, no se quería reconocer, total no representaba un problema ni político ni social, hasta ahora. Pero el verdadero problema es que no hay propuestas de largo plazo. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuál es la estrategia? No sólo la inmediatez de una fiscalía o de una campaña en contra de la impunidad, Propuestas de política pública que incentiven cambios profundos hacia una sociedad y un país que no sólo rechace la violencia, sino la misma inequidad en todas sus manifestaciones.