Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 3 de febrero, 2019.-  Dice que se llama Lulis, pero todos en la oficina la conocen como la Correveidile. Desde que llega se dedica a las relaciones públicas o al chisme, según se le quiera ver. Saluda a todos, de jefes de departamento hacia arriba, faltaba más. Ofrece dulces de menta, chicles e incluso cigarrillos, y lanza el consabido:

 —¿Supiste que ayer…?  

—No, fíjate que no me enteré.  

 —Ay, pues mejor olvídalo porque yo pensé que ya estabas enterada.   Y pues no, resulta que nadie estaba enterado de que a la secretaria del Licenciado, tan modosita ella —a juicio de Lulis—, tan presumida porque ya se iba a casar y porque que ya tenían alquilado un departamento ella y su futuro esposo —el que se desvivió para ofrecerle un ajuar de lo más caro, según Lulis—, llegó la otra tarde llorando porque al tipo se le ocurrió llegar con marcas de bilé en el cuello de la camisa, y la secre del Lic. no le creyó que en el metro, gracias a un frenazo, una chica fue a dar precisamente a esa parte de su vestimenta y zas: que le deja estampada la huella de rojo carmín.  

 —Ay, pero ni debería de comentarte nada, porque sabrás que ese día no salí a comer, así que cerré el privado de mi jefe y me dije: Luliscita, mejor échate una siestecita. Apenas me estaba medio amodorrando, cuando escuché que abrían la puerta de la oficina y que los pasos se dirigían hacia el baño de mi jefe.   Nomás por no dejar, me asomé y ahí estaba ella, llorando a lágrima viva. Ella, que ya ves que para nada altera la cara, no le vayan a salir arrugas. ¡Ella, manita, ella que apenas si saluda! A lá-gri-ma  viiii-vaaa. Por no decirte que a moco tendido. Nomás me vio la pobre y se dejó ir a mis brazos, así como lo oyes.   Pues sí: no me quedó más que consolarla, aunque fuera de dientes pa’fuera, aunque por dentro yo pensara: ahora sí, te diste cuenta de que no eres la Divina Garza: ahora sí, se te cayó el teatrito de las ilusiones que nos presumías; ahora sí: para que se te quite y a ver si así ya dejas de andar de alzada.  

Ay, pero ¿de veras no sabías? No te creo, porque la mujer estaba hecha un mar de llanto, y al ratito ya tenía los ojos hinchados, tan hinchados que daba horror. Bueno, con decirte que si su novio la hubiera visto, te juro que sale corriendo y se va al metro por otros picoretes, ahora sí con intención, para quitarse de encima el compromiso. Aunque yo creo que más bien al tal noviecito, que no está tan tirado a la calle, no le falta alguna resbalosilla que lo comprometió.  

Total, que la secre del Licenciado agarró sus chivas y sin pedir permiso se fue toooda cabizbaja y despintada y llorosa todavía: que porque habían roto con el compromiso: ella por lo del bilé en el cuello, y él porque le dijo que estaba de acuerdo, que más valía esta decisión a tiempo que un futuro divorcio, porque él no soportaba a las celosas y desconfiadas.  

Así que ya sabes, manita: ahí tú sabes si le lanzas los canes al muchacho. Dicen que estudia también para Licenciado, así que por burra ella se lo pierde, y si tú te animas, pues es a la de ya, porque no dudes que en un dos por tres ya encontró quien lo consuele.   Lulis, Luliscita se hace nuevamente la sorprendida, advierte que la información debe quedar sólo entre ellas, “a nadie más se lo comentes”, e insiste en la pregunta:  

—Ay, ¿pero deveras no sabías nada? No te lo creo, ya ves que aquí todo se sabe…