Mario Ensástiga Santiago/Noticias y Debate M3  

Morelia, Mich., 23 de octubre, 2020.- En tanto los Estados Unidos atienden el proceso electoral para elegir el próximo 3 de noviembre la presidencia nacional para los próximos cuatro años, en medio de un contexto nacional e internacional por demás complicado que acusa en lo general una evidente decadencia como país hegemónico total y absoluto del planeta, proceso ciertamente lento, e intermitente, cada vez tiene menos margen de maniobra para someter a los países del tercer mundo como lo hizo en las décadas de los 70, 80, parte de los 90 y en la primera del 2000.  

La elección entre Trump y Biden caracterizada  por una incivilizada confrontación verbal, vamos a ver cómo se comportan en el segundo debate, sin duda hay dos proyectos claramente diferenciados en cuanto a las propuestas para atender los próximos años las relaciones diplomáticas, económicas y militares con América Latina, sin duda las fuerzas más progresistas de México y de nuestro continente, están a favor del triunfo de Biden que según las últimas encuestas va de favorito, tal preferencia se debe a que Trump es de los dos aspirantes el más retrógrada y enemigo de  México, su racismo, egolatría, ideología de derecha más recalcitrante y patología neofascista contra los migrantes latinoamericanos la justifica con creces.  

Pese a lo anterior no debemos confundirnos y albergar falsas esperanzas de que a México le iría sustancialmente mejor con la victoria de Biden, no perdamos de vista que los dos representan proyectos capitalistas que miran como subordinados obligados a los países de América Latina y en particular del nuestro, como finalmente sucedió con el gobierno de Barack Obama.  

Ciertamente con Biden en la Casa Blanca algunas cuestiones pueden ser menos peor con América Latina y México, como lo ha dicho en campaña, quiere mejorar la cooperación en varios temas como la migración, la violencia, la pobreza, la violación de los derechos humanos, el medioambiente y la corrupción, todo ello suena bien y está por verse, de manera específica con Cuba, Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia, Cuba y desde luego México;  en otra dimensión e implicaciones con el resto de los países de nuestro continente, de cualquier manera “algo será algo”.  

En medio de todo este contexto hemisférico y mundial, Bolivia vuelve al sendero socialista a través de elecciones democráticas, pacíficas y contundentes del pasado domingo 18 de octubre, evento que es una nueva luz de esperanza para la recuperación de las izquierdas latinoamericanas y por consecuencia, el pensamiento y debate de las ideas progresistas, civilizatorias y socialistas del siglo XXI, para imaginar y llevar a la práctica una sociedad más humana y en plena armonía con la naturaleza. Ciertamente las miserias y fragilidades de las sociedades del capitalismo salvaje neoliberal, no son causadas por el coronavirus, porque ya estaban más que enraizadas en nuestras sociedades desde hace varias décadas, la pandemia sólo las ha puesto descarnadamente al descubierto.   

Mientras, venturosamente Bolivia derrota moral, política y electoralmente a la derecha que respaldo el golpe de Estado de noviembre de 2019, el triunfo Luis Arce del Movimiento al Socialismo (MAS) partido donde milita el ex presidente Evo Morales, queda más que claro lo que en realidad quiere la mayor parte del pueblo boliviano; el triunfo socialista fue de prácticamente el 56 por ciento de la votación contra el 29 por ciento de la opción centrista de la Alianza Comunidad Ciudadana de Carlos Mesa, casi dos a uno.  

Desde que Evo Morales salió de Bolivia hace casi un año debido a los embates y peligrosas presiones de la oposición, el gobierno presidencial interino de Jeanine Áñez que asumió la presidencia golpista con la ayuda de las fuerzas policiales y militares, una vez que Evo viajo a México y posteriormente a Argentina, ejerció la represión, persecución política, masacres, encarcelamientos, exilios e inhabilitaciones judiciales en contra de los seguidores de Evo y del MAS. Tras el golpe al gobierno indígena de Morales, México envió a Bolivia un avión de la fuerza aérea para rescatarlo a él y a su vicepresidente, Álvaro García Linera, les ofreció asilo político a ambos y buscó en todo momento una solución pacífica entre las partes en conflicto.    

A principios de este año del COVID 19, el MAS designo a Luis Arce como su candidato a la presidencia de Bolivia con la clara anuencia de Evo Morales, elecciones que inicialmente estaban programadas para mayo, fueron pospuestas para septiembre y nuevamente aplazadas a octubre debido a la pandemia del coronavirus; cerca de 7,3 millones de bolivianos acudieron a votar éste domingo 18 de octubre, que debido a la crisis sanitaria la campaña se hizo sobre todo en redes sociales con algunos choques aislados en las calles entre ciudadanos a favor y en contra de Evo Morales.  

La nominación de Arce provocó cuestionamientos incluso dentro del mismo MAS, por el hecho de que proviene de la clase media urbana y no de las organizaciones sindicales y campesinas e indígenas que componen gran parte de las bases del MAS, al momento de anunciarlo como candidato, Evo Morales destacó que Luis Arce era el hombre capaz de “garantizar la economía nacional”, argumentando que los  logros de crecimiento económico que se atribuye a su gestión gubernamental al promover la defensa de las empresas estatales, de los recursos naturales del país y el trabajo para volver a las tasas de crecimiento que tuvo Bolivia cuando Arce fue ministro de Economía.  

Bolivia es un país con el 41% de población indígena dispersa en muchas comunidades y a grandes distancias de los centros de votación, sin embargo, la gente se desplazó desde la noche del sábado y madrugada del domingo para votar y cumplir con su deber patrio de elegir al nuevo presidente y vicepresidente de Bolivia, 130 diputados y 36 senadores del nuevo Congreso bicameral.  

Luis Arce tuvo como su jefe de campaña desde Argentina a Evo Morales, todo indica por la información al alcance que Arce es un buen técnico político, economista de profesión, cuando Evo Morales ascendió al poder fue nombrado en 2006 como ministro Hacienda que después se convertiría en el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, desde donde promovió interesantes medidas para incentivar el mercado interno, la estabilidad cambiaria y la promoción de políticas de industrialización de los recursos naturales.  

De igual manera procuro incrementar las reservas internacionales, la ampliación y mejoramiento del bienestar social y sobre todo, el impulso de políticas públicas para que el país tuviera el mayor crecimiento económico de la región en la idea del “milagro económico boliviano”, narrativa que desde luego era rechazada y cuestionada por los opositores de ese entonces y del ahora saliente gobierno de Jeanine Áñez.  

Andrés Manuel López Obrador ni tardo ni perezoso llamó por teléfono a Luis Alberto Arce Catacora aun cuando los datos de su triunfo todavía no eran oficiales, para felicitarlo por su triunfo en las elecciones presidenciales de Bolivia. Además, envió un saludo a los pueblos originarios, al Movimiento al Socialismo(MAS) y a Evo Morales, en lo particular, celebró que el “grave” conflicto que se vivía en ese país latinoamericano se haya resuelto por la vía pacífica.  

Por su parte el expresidente Evo Morales desde Argentina aseguró que regresará a Bolivia “tarde o temprano”; finalmente insisto, ojalá ésta grave crisis global, sanitaria, económica y civilizatoria, sea al mismo tiempo la crisis política y derrumbe las visiones y proyectos del capitalismo salvaje neoliberal de las casi cuatro últimas décadas y progresen las nuevas condiciones y paradigmas progresistas, civilizatorias, humanistas y socialistas del siglo XXI.