Redacción/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 27 de septiembre, 2019.- Hace poco más de un año, el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto dio un mensaje sobre los 43 estudiantes de Ayotzinapa, desaparecidos los días 26 y 27 de septiembre de 2014.

Posterior al mensaje, el diario español El País publicó un artículo firmado por Pablo Ferri, en el que mostraba cómo se veía el caso Ayotzinapa desde fuera de México; a continuación algunos fragmentos del texto:

“Enrique Peña Nieto ha abandonado el silencio postelectoral para encarar la recta final de su presidencia. El mandatario y su equipo preparan el último informe de Gobierno, repartiendo mensajes en video enlatados, en algunos recordando sus logros, en otros matizando a sus críticos. El presidente dedicó los dos minutos de la cápsula a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

“La existencia de un mensaje así confirma la distancia del Gobierno con las víctimas. En un país con decenas de miles de desaparecidos, de asesinados, el presidente se despide de sus familias negando toda comprensión, tirándoles de las orejas por no aceptar las conclusiones de la investigación de la Fiscalía. “Se suscita el evento de Ayotzinapa”, dice de la cacería de medio centenar de jóvenes. Como si hubiera empezado a llover, como si hubiera llegado de la nada.

“Peña habla desde su despacho en el video. Al fondo se aprecian los contornos de una mesa, varias sillas, una bandera de México -el águila, la serpiente-, una estantería de puertas de cristal repleta de libros. El piso brilla como una hilera de dientes dorados. No hay escenario más ajeno al dolor de las víctimas que el que ha elegido para hablarles, su propio despacho, el silencio de su despacho, libre del dolor de las familias, ajeno a la herida del hijo ausente.

“Desde la desaparición de los 43 en septiembre de 2014, Peña Nieto nunca fue a visitar a sus familiares. En octubre de 2014 los recibió en Los Pinos, su residencia, quizá en un despacho parecido al que ha usado para grabar sus mensajes. Peña nunca fue a visitarlos y ahora se despide con un regaño: ustedes no nos quisieron creer.

“Había evidencias”, dice el presidente, “de que muy lamentablemente, los 43 jóvenes habían sido incinerados por un grupo delincuencial”. Lo dice pasando por alto los informes del equipo de expertos comisionado por la CIDH, avalado por su mismo Gobierno. Informes que exigen continuar con la búsqueda de los estudiantes, ya que no hay evidencia de la existencia de una hoguera del tamaño necesario para quemar a tanta gente. Lo dice ignorando igualmente el informe de un equipo de antropólogos, el argentino, con décadas de experiencia en materia forense, que concluyó igualmente que no había evidencia de un fuego de tales dimensiones en el célebre basurero de Cocula.

“Peña obvia también los señalamientos de tortura contra más de una decena de detenidos cometida por agentes de la fiscalía a la que cree ciegamente. Es a partir de estos testimonios que la fiscalía armó su famosa verdad histórica. Donde no hay más que cenizas, el presidente ve un relato creíble.

“Sé”, concluye, “que lamentablemente la pérdida de un hijo no hay forma de reparar”. El presidente sabe qué es perder a un hijo, pero ignora el estrés de no saber su paradero. No conoce la ansiedad de no saber, la culpa que siente una madre, un padre, cuando desea que todo acabe de una vez, que aparezcan por lo menos los huesos de su hijo y concluya este sinvivir.

“Ayotzinapa, ´un hecho lamentable para México´. Así han titulado el vídeo. Como si fuera un accidente, un huracán. Es decir, como si no existiera responsabilidad. Como si el Gobierno, su Gobierno, no hubiera podido hacer nada más. Nada mejor”.