José K/Noticia y Debate M3

Morelia, Mich., 18 de febrero.- El gobernador de Michoacán ha demostrado con creces que sus ocurrencias no son preciosamente una demostración de buen gobierno. El 10 de febrero de 2016 anunció que su administración  no  reconocería a ningún grupo civil armado, lo que se denominaba autodefensas.

No se permitirá la presencia de grupos civiles armados  que realicen tareas que sólo le competen al gobierno,  aseguró el gobernador Silvano Aureoles Conejo al entregar reconocimientos a 792 ciudadanos que participaron en la lucha contra la delincuencia.

“Con esto cierra un capítulo y se abre una nueva etapa en la historia del estado. Paulatinamente estamos dejando atrás el tiempo de la sinrazón, de la violencia, para dar paso a un clima de paz y posibilidades que nos permitan construir un futuro de justicia”, apuntó el mandatario estatal.

No fue más que un discurso, como muchos otros, lo que sí dejó en claro es que grupos de delincuentes se incrustaron  en  el cuerpo de  seguridad del estado, en lo que es ahora Policía Michoacán. Hizo entrega de plazas de policía pero ahora sabemos que la corrupción en los cuerpos de seguridad no ha desparecido, por el contrario.

Solo basta observar la nota roja diaria y podemos constatar que la delincuencia organizada y la delincuencia común siguen al acecho y cobrando un mayor número de víctimas. Ese debería ser el tema central de las autoridades y no los grupos de  autodefensas. Debe quedar claro: los grupos del crimen organizado no ha desaparecido, sólo fueron diezmados y descontrolados temporalmente, pero ahí siguen, con otro nombre, pero son los mismos.

 Michoacán en particular  y México en general están muy lejos de controlar  la delincuencia, porque se trata de un problema muy complejo, donde los cuerpos de seguridad de los tres órdenes de seguridad están involucrados, y se habla de estructura delictiva poderosa, pero veremos qué puede hacer la guardia nacional.