Gina Morales/Quadratin Debate

Morelia, Mich., 27 de febrero, 2019.- Ana Karen es una niña que nació muy prematuramente, a un poco más de seis meses de gestación, con un pronóstico de vida muy reservado por los médicos; hoy tiene seis años, cursa el tercer grado de preescolar, en una escuela que, junto con su familia y amigos, han permitido que hoy sea una niña sana y feliz, y un ejemplo de lo que la perseverancia y sobre todo el amor pueden lograr.

Ella es mi única hija, nació cuando yo tenía 42 años y, por razones obvias debido a mi edad, fue un embarazo complicado, difícil de lograr y con continuas situaciones de alarma en cuanto a amenazas de aborto y riesgos de complicaciones para ambas.

Con los cuidados necesarios, Ana Karen llegó a la semana 31 de gestación, de las 40 que deben ser, cuando los médicos detectaron complicaciones que no dejaron otra alternativa que adelantar el parto.

Fue así que el 18 de enero del 2013 nació mi preciosa hija, pesando sólo un kilo 60 gramos y midiendo 38 centímetros. El diagnóstico no era favorable, la bebé fue llevada a la incubadora, donde sólo podía verla pero no tocarla. Dos días después fui dada de alta, y me fui a mi casa llorando inconsolablemente por no poder llevarme a mi hija conmigo.

La bebé estuvo 41 días en el hospital, lapso doloroso, lleno de miedos y preocupaciones, pero también de muchas esperanzas que finalmente fueron realidad justo hace seis años, un 27 de febrero, cuando fue dada de alta, pesando apenas 2 kilos 500 gramos.

Hoy, Ana Karen tiene seis años, y es una niña sana y feliz. Está en tercer grado de kínder, practica natación y ballet, y es la felicidad más grande de esta familia, sobre todo de mi padre, que encontró en ella un gran consuelo y sabiendo que mi madre que murió hace cinco años la cuida desde el cielo.

No puedo más que estar de acuerdo cuando las personas se refieren a ella como un milagro. Lo fue y lo sigue siendo. ‘n