Úrsula Albo/Noticias y Debate M3

CDMX, 2 de mayo, 2019.- Cuando se habla de adicciones usualmente se centra en cuestiones de seguridad, desintegración familiar y de salud, pero es difícil encontrar una visión más abierta que nos permita comparar como se constituyen estas adicciones en las diferentes culturas, y a partir de ello comenzar a buscar soluciones del problema de raíz y no de las consecuencias.

Esto nos permite percibir, que el centrarnos como sociedad y gobierno en resolver las secuelas de las adicciones, es como andar tras el conejo de Alicia en el país de Las Maravillas, el cual nunca vamos a poder alcanzar ni solucionar, hasta que trabajemos directamente en la causa.

Esta es una de las apuestas de la doctora María Elena Medina Mora,  quien ha trabajado en el tema por mucho tiempo e incluso ha formado parte de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, como integrante electa mediante votación por los países miembros del Consejo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La doctora considera que al comparar nuestra cultura en cuestiones de adicciones y alcoholismo con otras aumenta la posibilidad de comprender en dónde estamos situados, así como cuáles son nuestras características particulares. Si bien, afirma que existe una carga genética, también considera que los fenómenos de adicción se manifiestan por intervención del medio ambiente, tanto cercano como aquel que se encuentra de manera  general, en donde se desarrolla una persona. Es decir, que la cultura de un país influye también en estos patrones.

Por tal motivo, la doctora Medina Mora asevera, con base en sus estudios, que la forma de enfrentar las adicciones de la población mexicana varía a la de otros países, por la poca búsqueda de atención, lo cual tiene que ver con dos factores: el primero, con la forma en que está construido nuestro sistema de salud; y el segundo, con el estigma que existe con respecto al tratamiento.

Por lo que el tiempo que tardan las personas con alcoholismo en acudir a él,  puede ser de hasta 20 a 30 años, llegando en condiciones ya muy avanzadas.

Pero, aunado a esto, como cultura y sociedad tenemos otras ventajas que podemos aprovechar, como la importancia de la familia y su función a modo de elemento protector. Al hacer este tipo de comparaciones transculturales se deja ver también nuestro patrón de consumo de alcohol, que se basa en beber grandes cantidades por ocasión de consumo y tener muchos problemas por ello, sobre todo con la pareja.

Sin embargo, en comparación con otras sociedades como la escocesa o la finlandesa que beben igual que los mexicanos, en grandes cantidades para embriagarse, no tienen tantos problemas cuando lo hacen ya que no conducen bajo los efectos del alcohol, y la primera persona a la que invitan es a su esposa. Este tipo de situaciones nos deja ver los problemas que cada país tiene y nos ayuda a vislumbrar soluciones para modificarlos, aprendiendo de lo que pasa en otras culturas, y entendiendo lo que nos pasa a nosotros para mejorar nuestro tejido social.

La autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y cuenta con estudios de Licenciatura en Sociología por la UNAM; tiene el grado de Maestra en Docencia para la Educación Media Superior, Área de Ciencias Sociales por la misma institución y actualmente imparte clases en la UVM campus sur.