Ernesto Martínez Elorriaga/Quadratín Debate M3

Morelia, Mich., 11 de mayo.-Qué pinche coraje da cuando te atracan lo que más quieres. A mi hermano y a mí nos robaron la bici  a unas horas de que nos la trajeron Los Reyes. Ya no nos tragábamos esa de Melchor, Gaspar y Baltazar, pero de todos modos la muina nadie nos la quitó.

Da mucho coraje, porque estábamos bien salitrosos, también nos robaron otra bici cuando estábamos dormidos. La rata se metió a la casa, porque la puerta de la entrada no tenía chapa. Dicen que fue uno que le decían el Cafetero, de todas maneras mi papá, El Matador, le dio una “calentadita”, cuando lo encontró robando una manguera de la casa.

Vivíamos en la orilla de la ciudad, hace ya varias décadas, No había nada, solo unas cuantas casas, no había servicios, el agua había que acarrearla con cubetas. Pero no nos agüitábamos, lo que sí fue un golpe duro para nosotros fue que nos robaran nuestra bicicleta.

No necesitábamos la bici para sobrevivir como ocurre en el filme Ladrón de Bicicletas del director Vittorio De Sica, estrenada hace 70 años. Fue en Roma, en los suburbios, cuando el jefe de familia por fin consigue un empleo pegando carteles, por lo que se endeudó para comprar una bicicleta. Se la robaron a los pocos días de haberla adquirido. Eran tiempos de posguerra, y prácticamente el atraco lo dejó sin manera de subsistencia. Luego decide robarse una bici, pero resultó peor el remedio.

El único ratero de la colonia ya lo conocíamos, pero aun así no recuperamos la bici que nos robó. También a nuestro amigo El Pichirilo, que vivía en la colonia vecina,  le robaron su bici, todo por ambicioso, le ofrecieron una lana por acarrear unos bultos, pero solo fue una jugada para separarlo de la bici y llevársela, junto con las de otros despistados.

Lo que sí, la bici servía para hacer los mandados, pero finalmente no se nos hizo. Lo bueno es que no era tan indispensable como al de la película, porque eso sí fue una verdadera tragedia.