Miss Editoriales/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 17 de marzo, 2019.- Un gran escándalo han hecho algunos gobernadores ante la supuesta estrategia del gobierno federal de orquestar abucheos hacia los mandatarios durante los eventos a los que asistan con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pero hay casos como el del gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, que según la Encuesta Nacional México Elige, es el mandatario estatal peor evaluado de los 32 del país, en los que a los asistentes a las reuniones no les cuesta tanto trabajo manifestar su rechazo a quien los gobierna  en sus respectivas entidades.

Hace unos días, se dio a conocer que el partido del Presidente, Morena, emitió un documento en el que supuestamente se exhorta a sus militantes a lanzar consignas en contra de los gobernadores de otros partidos políticos durante las visitas de López Obrador a sus estados, versión que fue rechazada por la dirigencia morenista.

Al respecto, el gobernador de Campeche informó, en su calidad de presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), que se presentaría un escrito formal “para advertir que este tipo de prácticas no ayudan al entendimiento entre los tres niveles de gobierno y sí entorpecen el trabajo institucional al que nos debemos”.

Incluso, la semana pasada, el gobernador de Aguascalientes, Martín Orozco, de extracción panista, se negó a acompañar al Presidente de México a sus eventos públicos en su propio estado, para eludir los abucheos supuestamente orquestados por Morena. Le zacateó pues.

El asunto es que hay entidades en las que se no se necesita un ente ajeno para obligar a nadie a manifestarse en contra de sus gobernadores, ya que enfrentan tal rechazo ciudadano, que las expresiones de desaprobación surgen espontáneamente, como referíamos antes sobre el caso del mandatario michoacano que, según la encuesta en mención, 88 de cada 100 lo reprueba en su cuarto año de gestión.

A esto se agrega  que, ante las nuevas medidas implementadas por López Obrador de que los eventos no sean controlados por el Estado Mayor Presidencial como ocurría en sexenios anteriores en los que era impensable que los asistentes pudieran manifestarse.

Esta situación obliga a los mandatarios no a quejarse y mucho menos a esconderse como el de Aguascalientes, sino a reflexionar sobre sus propias actuaciones y la percepción que generan entre sus gobernados. Sería mejor, más fácil y más útil.