Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 25 de septiembre, 2019.-  2015.- Hace casi medio siglo que el escritor y periodista norteamericano, Truman Capote publicó la novela-reportaje A sangre fría. Obviamente que la maestría en la narración le dio otro valor a la reconstrucción del asesinato de cuatro integrantes  de una familia de Kansas, Estados Unidos.

En un lugar como México, y particularmente Michoacán, hemos perdido la capacidad de asombro, podemos hablar de 100 mil o  personas asesinadas en los últimos 12 años de la manera más cruel y sanguinaria que puede uno imaginar sin mayores consecuencias.

Llamó la atención del escritor norteamericano  el hecho de que la familia  Clutter fuera ultimada sin sentido alguno. Se trataba de una pareja, su hijo de 15 y su hija de 16 años. Era una familia próspera de agricultores. Y como ocurre en casi todos los crímenes, los asesinos buscaban dinero fácil.

A diferencia de México donde el 95 por ciento de los homicidios son impunes, en Estados Unidos los responsables fueron enjuiciados y condenados a muerte. Aquí todo se puede, y con dinero, hasta   uno de los capos más grande del mundo pudo escapar de la cárcel, y dos veces.

No se trata de avalar la pena de muerte, sino la forma como algunas sociedades alcanzan altos niveles de descomposición. Es cierto que en el país vecino del norte también tienen problemas graves de  violencia e inseguridad, pero sobre todo en los sectores bajos donde viven los migrantes, o los descendientes de estos.

En México  hemos padecido una  pobreza  creciente sobre todo en último medio siglo, y aunado a ello la delincuencia incontrolable que no sólo se ha dedicado a traficar sino también a extorsionar a la población en general.

A la sociedad norteamericana de la década de los 60 le conmocionó un crimen de cuatro personas, y con justa razón. En México, en el país de las promesas y simulación  han transcurrido décadas y  seguimos observando policías-delincuentes; funcionarios ligados a la delincuencia organizada, delincuentes convertidos en policías; evasión  de reos de alta peligrosidad, lo que refleja en síntesis una seria  descomposición social.

Hay que decir que en la década de los 60 México era todavía un país de desarrollo; con sector rural sano y prácticamente libre de violencia; pero a principio de la década de los 70, todo se vino abajo. La corrupción  se convirtió en el eje del sistema; evolucionaron los vicios e ilícitos hasta alcanzar la crisis que hoy vivimos. A sangre fría han actuado cientos ¿o miles? de delincuentes,  pero también  miles de servidores públicos que han preferido el camino de la criminalidad pero desde el poder.