Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 21 de febrero, 2019.- Hoy es el Día Internacional de la Lengua Materna. Y por las capacidades de la colonización del poder y la hegemonía de los idiomas imperiales hacen que la expresión “lengua materna” se traduzca como lengua “indígena” (a pesar de su no existencia, nadie en el mundo habla eso, se los juro). Aquí van unas palabras para quien quiere hacer de esta fecha un festejo.

¿Quién podría  festejar este día cuando ayer asesinaron a Samir Flores, quien defendió, con otras y otros, su territorio, su cultura y su identidad contra los megaproyectos de muerte? Por lo que también se podría preguntar: ¿Qué se ha ganado hasta hoy para festejar cuando cada vez es más evidente la pérdida de las lenguas originarias en nuestros territorios?

Festejaríamos si se hubiera acortado el abismo entre la lengua castellana y las lenguas originarias. Pero no es así. A diario percibimos, las y los que queremos apreciar, la discriminación lingüística que sufren los hablantes y que se reproduce en todos los ámbitos y en todas situaciones cotidianas.

¿Alguien puede ir y hablar su lengua originaria en el salón de clases en la universidad, en el ministerio público, en el trámite bancario, en el trasporte público y no sentir que está haciendo algo malo o que no corresponde a ese lugar?

Y qué de su festejo ahora bajo la rúbrica de la IV Trasformación. ¿A poco sus festejos son distintos a los gobiernos tricolores y blanquiazules? ¿No se hastían ustedes del mismo folclore y de las mismas cursilerías de siempre?

En su momento acompañaron luchas y fueron hasta asesores del zapatismo. Usaron sus “famas” para alertar de un desagravio y para dar una disputa por el reconocimiento de los derechos de los pueblos. Pero hoy se han callado por sus compromisos políticos y sus nuevas envestiduras como “servidores públicos”, están en silencio, calladitas y calladitos, ustedes tan morenitos. Como desde hace más de quinientos años el poder colonial nos quiere: silentes.

Hay de muertes a muertes. Unas son de manera “profesional” con dos balazos en la cabeza y hay otras cuando uno se muere cuando se calla.