Mario Ensástiga Santiago/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 21 de enero, 2019.- No podemos negar que asistimos a la coyuntura de transición política más importante y compleja que hayamos vivido hasta ahora, se trata nada menos del tránsito del fin del ciclo neoliberal del PRIAN por más de tres décadas, al nuevo periodo denominado de la cuarta transición (4t), hasta ahora hay evidencias y rasgos que anuncian, caracterizan y empiezan a configurar el perfil y nuevo estilo de gobierno de AMLO como presidente de México.

La lucha entre lo viejo y lo nuevo, siempre ocasiona conflictos, particularmente si se trata de los relevos institucionales de los poderes políticos del país, como ya lo estamos constatando, la abierta o soterrada confrontación entre los intereses económicos y privilegios en extinción y los que están llegando o por llegar; sin duda se está combatiendo los intereses económicos y la corrupción que por décadas se enraizaron en lo más profundo de la vida cotidiana del país, el caso particular “huachicoleo” desde dentro de Pemex.

Este problema es de tales dimensiones y consecuencias que aún no podemos saber con precisión hasta dónde llega y que va a implicar en la vida del país en los próximos años, por ello me parece lógico que haya razonablemente tomado por sorpresa al nuevo gobierno y a la sociedad toda, ciertamente el problema está instalado en muchos grupos delincuenciales, personas simples del pueblo y poblaciones enteras, pero tengamos claro que se inició desde dentro del mismo gobierno federal y hay muchas personas de la clase política que perdió las elecciones el pasado primero de junio.  

No dudo  que como sucede al inicio de todo gobierno, haya habido errores y deficiencias de toda naturaleza por la falta de experiencia para atender el problema de la mejor manera, en mí pesa más el reconocimiento a la valentía y congruencia del nuevo equipo de gobierno, que su carencia de pericia gubernamental, porque de nada has servido la larga experiencia de los gobiernos del PRI y el PAN a todos los niveles, si han permitido, tolerado y hasta fomentado el surgimiento del monstruoso flagelo a las riquezas naturales y económicas de México.

Han surgido muchas críticas al nuevo gobierno nacional, aunque van hipócritamente acompañadas del reconocimiento de la medida, finalmente es la descalificación política lo que predomina, por suerte diversas encuestas nos dicen que la sociedad en su conjunto sigue mayoritariamente manteniendo en alto el apoyo al nuevo líder del pueblo de México, la sociedad se está comportando ante el “huachicoleo” de manera sensata, tolerante y comprensiva, no así las sesudas plumas y flamígeras lenguas de ciertos periodistas y medios de comunicación.

Las reacciones de los grandes intereses afectados son de tal naturaleza y magnitud que a cualquier gobierno lo rebasaría, por más experiencia de gobierno que tenga, recordemos en otros planos como quedan finalmente los gobiernos ante situaciones análogas como los sismos de 1985, de 2017 y de muchos otras contingencias y problemáticas de gran escala, como ahora lo es el combate a la corrupción en todas sus manifestaciones, con todo y todo no creo que vaya a ser el caso del gobierno de la 4t.

Las nuevas políticas públicas de descentralización-centralización del gobierno federal, como los “súperdelegados” para coordinar y vigilar los programas federales en los estados y municipios, tienen que ver con los grandes temas de la economía, el empleo, el trabajo; la seguridad humana y la guardia nacional; y el combate a la corrupción como el tema de estos días del “huachicoleo”, van a continuar las críticas y descalificaciones, simple y sencillamente porque está yendo al fondo, se está afectando los grandes intereses económicos, ello en mi percepción y opinión explican la evidente política centralista de control de todo aquello que haya que corregir, para luego instalar-espero-un nuevo sistema económico, político democrático y federalista, para nada estoy pensando en una economía que no sea capitalista y un sistema político que no sea presidencialista.

De ahí que haya muchas observaciones a la falta de certeza inmediata que se vayan a fortalecer los poderes locales, entiéndanse los poderes de los gobiernos estatales y municipales, el nuevo gobierno los mira como administradores y operadores de los programas del gobierno federal, quiero entender que hay toda una agenda política oculta y estrategia del nuevo gobierno, primero sanear al país, extirpar tantos cánceres y luego democratizar y descentralizar la vida pública, bueno, ya veremos, quisiera no equivocarme.

En el Artículo 4° de la Constitución de 1824 se estableció que la nación mexicana adoptaba para su gobierno la forma de República representativa popular federal; así, México se convirtió en la segunda República federal moderna a escala mundial, en el contexto latinoamericano, México no fue el único país en adoptar un sistema federal de gobierno pues Argentina, Brasil y Venezuela también lo son, en estos casos como en México se preservaron prácticas centralistas, administrativas y políticas que son herencia del colonialismo europeo, caracterizado por el fortalecimiento del poder federal y el consecuente debilitamiento de los estados y municipios miembros del pacto federal.

Durante décadas la izquierda mexicana mantuvo serios cuestionamientos a la fragilidad del diseño y práctica de nuestro federalismo, de la falta de respeto a la soberanía de los estados y la autonomía de los municipios, los esfuerzos descentralizadores realizados por los gobiernos federales desde que tengo uso de razón política para supuestamente mejorar el ejercicio del poder público, paradójicamente resultaron prácticas gubernamentales gatopardistas, que de manera real y efectiva aplicaron la máxima de  cambiar para que todo siguiera igual.

Con los años y los evidentes resultados de exclusión, de inequidad social, económica, política y cultural de nuestras sociedades locales, recordemos que los ciudadanos y ciudadanas antes de serlo del estado y la federación, lo son del municipio;  finalmente no hay duda, hemos caído en la cuenta de que existen grandes limitaciones y obstáculos de las sociedades altamente centralizadas y de extrema concentración del poder político, para alcanzar mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población, en consecuencia, resulta ser un imperativo ético político y programático de una sociedad moderna y democrática, impulsar un ambicioso proceso de descentralización renovado de nuestra vida política, que es lo que yo esperaría más adelante del gobierno de AMLO, si la descomunal guerra entre lo viejo y lo nuevo lo permite.