Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 7 de junio, 2020.- Hoy se cumplen 83 años de que 426 niños exiliados de la Guerra Civil Española arribaron al Puerto Veracruz. Tres días después llegaron a Morelia para construir historias complicadas y adversas, porque aquellos niños entre ocho y 11 años se quedaron huérfanos o se separaron de sus padres por el riesgo que representaba estar en aquellos logares de la península Ibérica.

La mayoría de los llamados Niños de Morelia han muerto. Algunos salieron de México, otros se fueron a vivir a otras entidades. Fue difícil para ellos adaptarse, incluso pleitos y conflictos con niños y adolescentes de Morelia, pero nunca olvidaron, recuerda Emeterio Payá Valera en su libro Los niños españoles de Morelia cómo “desde la estación hasta la escuela y a lo largo de todo el recorrido por la avenida Madero (antigua Calle Real) todo el mundo volcado en una actitud que ninguno de nosotros ha podido olvidar nunca”.

Fueron alojados en dos antiguos seminarios, transformados en colegios para niños y niñas. Dicen que las críticas de grupos opositores al general Cárdenas crearon un sentimiento de egoísmo en muchos niños morelianos, porque se decía que el gobierno había recibido a niños españoles mientras en México muchos niños padecían hambre.

La mayor parte del tiempo los niños españoles permanecieron aislados en los internados, es por ello que muchos de los pequeños exiliados pensaba que una vez terminada la guerra regresarían con sus familias, pero no fue así.

Concluida la administración del general Lázaro Cárdenas, en 1940, la ayuda del gobierno fue reducida. En inicio de 1944 la escuela cerró sus puertas y fueron repartidos en casas hogares, y conventos, sobre todo las niñas; otros quedaron librados a su suerte, vagaron y crecieron como pudieron, otros trataron de regresar a España, no obstante, la mayoría se estableció definitivamente en México.

Cuando finalmente algunos pudieron regresar a España todo había cambiado. Un ejemplo fue Aurora Correa que llegó a México a los 11 años, y 10 años después se reunió con su familia con la que ya no pudo seguir viviendo y regresó a México.

Algo similar ocurrió con Antonio Aranda, quien llegó a Morelia a los 10 años. Después de 15 años regresó a España a casa de su madre, pero no fue lo que esperaba y regresó a México en un barco carguero trabajando como ayudante de todo.

La mayoría de los llamados Niños de Morelia ya falleció. Todos se dispersaron. Algunos crecieron en la capital michoacana, otros se fueron a ciudades como Puebla, Jalisco o la Ciudad de México. De muchos otros no se volvió a saber nada. Emeterio Payá Valera murió hace apenas unos años, en Morelia, no obstante, su familia conserva el restaurant de paella en la colonia Chapultepec de la capital michoacana.

Payá fue muy popular en Morelia, conoció y lo conocieron muchas personas. Fue famoso por su paella. Comentó que alguna vez regresó a España, pero ya no pertenecía a ese lugar. Fue de los pocos españoles que se quedaron en Morelia. (Nota tomada de La Jornada en Línea)